Mi familia solía ser grande. iv

Me empecé a preparar desde la noche que lo supe aunque igual no iba a ir sola. Llamémoslo “suerte” para los que no creen, yo sé que Dios ya lo tenía planeado porque justamente esa semana mi mamá tuvo 3 días libres seguidos [cosa muy extranha si trabajás en comercio]. Entonces ya sólo quedaba agarrar nuestras cosas e irnos a la Unión.

El plan era que nos íbamos a ir en la noche para estar en la madrugada… pero después, dijeron que nos fuéramos en el día para estar en la noche. Salimos la tía Betty, los sobrinos, mi mamá & yo.

Quedamos que íbamos a llegar a Zacatecoluca & de ahí el esposo de mi tía Loli nos iba a ir a traer. Subirme al picap & tener un family trip era algo doloroso & a la vez curativo. Fue una sensación extranha porque sabía a lo que iba mas yo me sentía con ganas de disfrutarlo.

La Union 015

Cuando llegamos al río Lempa empezó a llover, mi mamá & yo nos empezamos a cubrir como pudimos & un maitro nos dijo que nos pusiéramos con espalda a la cabina del pick-up. Le hicimos caso & no nos cayó casi ninguna gota. Aun con suéter, tenía yo tanto frío que empecé a cantar. Mi mamá me dijo: Se me durmió la pierna… a lo que yo reaccioné cantándole las manhanitas.

Ella me respondió con un: ¿ya vas practicando para manhana? – ¿porqué debería yo de cantar las manhanitas el día que íbamos a enterrar a Pablo? -Después me dijo: “tu tía Tita cumple anhos manhana”.

Ya no pude seguir cantando.

Cuando llegamos a Usulután mi sonrisa regresó, era recordar todo lo bueno que había vivido con mi mama Eva. Cuando empezamos a pasar por las calles del centro algo instantáneo salió de mi boca: mamá busquemos atol rosado – íbamos vigiando en todas las esquinas pero la hora no nos hizo justicia, fuimos al centro centro & había una senhora solamente con poleadas… pero era más espesa la leche de vaca, parecía agua clorada con canela. Pasamos trayendo a mi tía Loli & nos fuimos camino a la Unión.

Ya estaba noche & las estrellas eran un espectáculo hermoso… el viaje era largo, cansado & mojado… me acosté & no me desperté hasta que escuché a los policías dándonos instrucciones de los caminos a seguir. Quesque nos habíamos perdido, nos encaminaron hasta el pueblo & después… a puro celular nos fuimos guiando… Recuerdo que la Kelly [hija de mi tía Loli] le dijo: “aquí vamos por una casa que tiene vacas” 😆 ¡Qué casa NO tiene vacas en Oriente! – Después de varios kilómetros a casi medianoche llegamos, saludé a mi tía Tita & la abracé.

Me cambié la blusa antes de entrar para estar acorde al luto. Y lo primero que hicieron fue ofrecernos de comer. Después fuimos al rezo

A veces me siento egoísta por haber ido con la mentalidad de “voy a ir a disfrutar de la nostalgia de estos lares por última vez, de ver a mi familia junta por última vez” pero la verdad es que yo también estaba perdiendo todo & poder tenerlo una última vez era una oportunidad que no iba a dejar pasar.

El viaje había sido cansado y mi tía Loli [la menor de mis tías] nos dijo a la segunda generación de primas [la primera generación son nuestros hermanos mayores, hasta en edad nos agrupamos en nuestra familia, creo que soy de la segunda generación nada más por ser la segunda, pero casi no tengo primos de mi edad] que saliéramos un rato. Nos fuimos Michelle, Kelly y yo a la parte lateral de la casa y empezamos a platicar.

Jamás había tenido la oportunidad de platicar tanto con mi tía Loli, aproveché para preguntarle cosas de ninhas y me respondió tan francamente que uno de sus consejos los sigo aplicando aún en día, esa plática duró más de dos horas, bajo la luz de las estrellas y todas tomando café en un vasito de durapax.

Entramos y el rezo había terminado, por lo tanto, la mitad de la gente se había ido. De encontrar más de 50 camionetas al llegar, quedaban como 10 y gente ya despidiéndose y tomando su paquete de tamales para llevar. Los que no se fueron, fueron los fanáticos religiosos y los fanáticos alcohólicos, juntos ofrecieron un espectáculo nocturno y no nos dejaron descansar hasta altas horas de la noche.

Después de descansar un poco, sabía que quedaban pocas horas para regresarnos a nuestras divididas vidas en San Salvador, entonces le propuse a mi mamá ir a refrescarnos por última vez a un río [aún recuerdo que una vez, yendo de la casa del tío Alfredo hacia el río, me picó una abeja y “para matarla” le pegué como se le pega a un zancudo, es mi recuerdo más WTF de La Unión. Eso y cuando me mordió un pato en el ombligo], con lo cual yo desaté una gran controversia.

Era obligación respetar el luto de mi tía Tita pero varios pensaron que también era la última vez que iríamos a Oriente, ya casi nada nos ataba a ir de nuevo, nada que no fuera la nostalgia y las fotos. Mamá pensó que era una buena idea, porque también los pequenhos no tenían porqué sentir que ese era un momento triste si nos estábamos viendo entre primos.

Al final sí fuimos al río y lo disfrutamos como si fuera la última vez que estaríamos juntos en ESE lugar, porque así fue.

El chapuzón duró menos de dos horas, teníamos que estar listos antes de la 1 de la tarde para hacer lo que teníamos que hacer en La Unión. Cuando estábamos a punto de regresarnos, la policía llegó a preguntarnos qué fingíamos que estábamos haciendo. No estaban muy contentos al parecer. Pensaron que queríamos cruzarnos al país de la par sin pasar por la frontera o que queríamos pasar a dejar paquetes al otro lado. Lo más chistoso fue que uno de los tíos solo nos estaba ensenhando a nadar. El río era bien ancho, así que ni logramos llegar al otro lado, así que nos regresamos jalándonos con las piedras que estaban en el fondo. Pero hay que aplaudirle a los policías que sí estaban haciendo su trabajo. Después de explicarles lo que pasaba, nos preguntaron a quién íbamos a enterrar (imagino para comprobar nuestra historia, ya que los de San Salvador hablamos raro para los de Oriente). Les contestamos que a Pablo y nos dieron su más sentido pésame, al parecer Pablo era muy conocido, o por lo menos su familia.

Nos contaron después, que muchas personas se pasan al otro lado para evitar impuestos pero que esto no es lo más peligroso, sino que a veces, los nativos del otro lado tomaban la justicia con sus propias manos, sobretodo en las noches. Que tuviéramos cuidado y que si regresábamos, que les avisáramos.

Nunca regresamos.

Mi tía Tita, aún con su desaprobación de nuestra escapada al río, nos guardó comida cuando llegamos. Ya estaban haciendo el último rezo antes de movernos a la iglesia y me puse a cantar, era lo único que podía ofrecer como disculpa y respeto. Al término de la última ceremonia en casa, nos dispusimos a arreglar nuestras maletas y meternos a algún pick-up disponible. Conocí la calle por la que habíamos llegado a la casa, habían muchas curvas peligrosas y estábamos encima de una loma o montanha o algo similar, íbamos cuesta abajo pero la pendiente era increíblemente inclinada.

Llegamos a la iglesia, algunos entraron, otros se quedaron esperando afuera. Lo que pude notar de la ocasión fue el contraste del día en distintos eventos. Alguien había apartado la iglesia para una misa de XV anhos justo después de nuestra misa, habían muchos adornos rosados de celebración, fiesta y alegría en el templo. Nos volvimos a subir a las camionetas y llegamos al lugar donde le diríamos adiós a Pablo. A la entrada ofrecían jugos para las personas que habían caminado mucho e hicieron esperar a varias en la entrada que no eran familia, para que los primeros minutos de la despedida fueran para los más cercanos.

Finalmente, le tiré algunas flores mientras varias personas le echaban tierra, nunca le dije tío, como tal, pero me caía bien. Así fue cómo yo me despedí de él, empezamos a caminar con mi mamá hacia la camioneta que nos llevaría a San Salvador y ya no me despedí de nadie más que de Pablo.

Las visitas a Oriente y las reuniones grandes de familia, oficialmente se habían terminado.

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