Al final de cada entreno de voley, el profe nos pone a jugar en equipos para que pongamos en práctica todo lo que vimos en el entreno. La clase de ayer fue como siempre, excepto que esta vez no completábamos los equipos. Se quedaba alguien en la banca y cada vez que alguien cometía un error adentro de la cancha, tenía que irse a la banca y llegaba el otro a jugar.

En una de esas, venía una bola hacia mí, metí solo una mano y como no la controlé, me salí. El profe estaba ahí sentado y fue la ocasión perfecta para empezar a chambriar. Empezamos a hablar de cómo debería de trabajar conmigo, dado que por muchos anhos estuve en deportes individuales y se me iba a hacer difícil acoplarme en tan solo un mes. El profe con pocas clases me dijo que no era problema de acoplarme ni de deportes individuales, sino que el problema consistía en que yo sabía las técnicas pero no sabía dominar la fuerza con la que le pego al balón. Me dijo que las próximas clases va a empezar a trabajar conmigo para que yo domine esa parte y que pueda jugar más tiempo en los partidos. Me pareció fantástico que en pocos días el profe ya sepa cuál es mi falla y que me diga que la vamos a solucionar. 🙂

Ya cuando habían pasado 15 minutos del tiempo del entreno, me dice el profe:
-Y es que estoy esperando a un amigo, pero como dejé el teléfono en el carro, no sé si va a venir o si venía y no me encontró o qué.
-¿A dónde va a salir, profe?
-No, no voy a salir, es que va a traer unos avioncitos.
-¿Cómo así?
-Sí, es que el practica aeromodelismo y quería volar unos avioncitos indoor. Me preguntó si podía venir al auditorio y le dije que sí, pero al finalizar el entreno.
-¡Aaaaaah, yo quiero ver los avioncitos!
-A ver si viene…

Como a los 10 minutos vi a un chero que entraba con dos cajotas en la mano y me saludó y después al profe. En las cajotas venían dibujados unos aviones así que ya me quedé ahí a esperar que volaran los avioncitos.

La rutina de David es distinta, es más larga y es otro deporte, por lo que sus entrenos le toman más de las 2 horas que dura el mío. Así que cuando ya estaban armando el avión más grande se apareció en la cancha para que ya nos fuéramos. Con la mano le dije que llegara a donde yo estaba y le conté que iban a volar avioncitos, que lo más seguro era que le iba a gustar. No le terminé de decir cuando ya estaba hablando con el chero que practica el aeromodelismo y preguntando y así.

Se tardaron un poco porque el que llegó arma los aviones y los maneja y toda onda pero hacía falta el electrónico, el chero que los programa en los controles, revisa las baterías y toda onda. Estábamos esperándolo cuando el chero que los arma empezó a volar un helicoptercito amarillo. Voló super rápido y se maniobraba bastante fácil. Las vueltas no le costaban al helicoptercito.

Llegó el amigo electrónico y empezaron a recargar la batería para la avioneta roja y a programar el vuelo del avioncito más grande. El segundo en volar fue la avioneta roja. Esa avioneta está hermosa. Hacía unas piruetas geniales y se levantaba bien rápido. Parecía que hacía el recorrido de las montanhas rusas, hasta las dos vueltas completas seguidas y toda onda. El único detalle era que de verdad tenías que saber manejarlo, porque si no, perdías el control y no sabías cómo detenerlo. Para que se detuviera, empezó a hacer un montón de círculos para bajarle la velocidad y al final, el que los volaba los tomaba con la mano y no había problemas.

El chero electrónico era bien amable, él nos explicaba con lenguaje mortal lo que pasaba, cómo se llamaban los avioncitos, a quiénes estaban dirigidos, el porqué del retraso y así.

Cuando el chero que voló la avioneta roja terminó su recorrido, llegó con nosotros y nos pregunta: ¿Qué les pareció, chicos? David, el profe y yo no cabíamos de la emoción, al unísono se escuchaba: ¡Wow, estuvo genial! Y después no nos entendíamos pero decíamos que estaba bien chivo y las piruetas y la velocidad y que qué chivo, de nuevo.

Después le tocó volar al que todos estaban esperando, porque en la caja se veía bien imponente. El avioncito plateado. Ese avioncito tenía un minimotor y una miniturbina del diámetro de una moneda de $0.25 de dólar. Cuando lo estaban probando, lo arrancaron y David y yo estábamos como a dos metros del avioncito. Que lo prenden y nos quedamos viendo David y yo así de: ¡Sentí todo el viento en la cara! ¡Ese minimotor me refrescó más que el ventilador en la casa!

Lo puso a volar y el miedo que sentía era que ese era un avión muy rápido. Que sí era para indoor, pero que el espacio era muy pequenho. Yo no le creí al principio, porque, pues, el auditorio está bien grande. Pero lo empezó a volar y la cancha completa y sola no  alcanzaba para ponerlo a volar. Después hicieron otras pruebas y cuando finalmente voló, hizo las piruetas pero ahora sí tomó toda la mitad para arriba del auditorio. Tanto así que se fue a los laterales, ahí por las sillas y que el chero ya no vio el avión y que ¡pum! ¡se estrelló! Y todos así de: ¡Noooooooooooooo!

Se estrelló el avioncito plateado. Lo tuvieron que arreglar y nosotros todos preocupados. Preguntándoles si había manera de arreglarlo o qué. El electrónico nos decía que sí, se podían arreglar porque eran de “unicel”, lo que en El Salvador conocemos como durapax, y que era de pegar o ponerle cinta y que se arreglaba sin problemas.

Ya casi eran las 10 y David con hambre, así que nos tuvimos que ir y no pude ver el avioncito más grande volar, pero debo decir que los que vi en serio me dejaron toda emocionada. Al parecer no fui la única, todos estábamos moviendo la cabeza cada vez que el avión se movía, estuvo genial. Con esto, realmente puedo decir que creo en la frase de “ellos no crecen, sus juguetes son más caros”.

Publicado por Katherine Montero

PIITster. Diploma in Economics and Business. 6th best Discus Thrower in Central America. 5x Discus National Winner (El Salvador). Civil Engineering Sophomore. Yogini. Small Product Lab Winner. Author of The Mini-Guide for Writing a Super Complete Post in 20 Minutes. 5x Shotput National Winner (El Salvador). Business Management Junior.

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