Si vas a vencer un miedo, hacé un récord de ello.

Típico que le tenés miedo a los toques toques y terminás siendo parte de un video dónde piden hacer la cadena más grande de toques en Navidad para Nokia.

Una de las cosas que extranho mucho son las sopas de la casa, #lamamádeQueith preparaba sopas de todo tipo: de pollo, de chipilín, de pata, de verduras, de frijoles, de todo. Era como la tradición de los domingos, había sopa de algo siempre. Y si no, pues alguna de mis #latíadeQueith había hecho y nos decía que fuéramos. Aún recuerdo cuando vivía con una de mis #laprimadeQueith en casa y entre ella y mi #lamamádeQueith se pasaban la bolita de hacer la comida. Eran típicas las líneas en la casa de:

#lamamádeQueith: Uff, qué bueno que ya terminé de cocinar. Mónica, te toca estar pendiente que no se queme.
#laprimadeQueith: No, tía, pero si yo soy la que me quedo en la cocina con el fuego y todo: yo soy la que está cocinando.
#lamamádeQueith: A ver, a ver, a ver, cocinar es preparar, vos calentás.

La verdad es que entre las dos cocinaban pero esa plática era de todos los anhos. Yo ya solo me reía y me iba antes de que me pidieran lavar los trastes.

La sopa de frijoles.

En una de esas veces que estaban hablando de la sopa, era de frijoles una vez, recuerdo que me levanté en los comerciales y fui a ver de qué estaban hablando. La Mónica estaba casi que peleando con la olla de frijoles, se había puesto una toalla en las manos y con las dos manos estaba dándole vueltas. Cuando me acerqué, estaba hablando con #lamamádeQueith de la corriente y de la luz y que se sentía bien feo y que se sentía como calambre. Como no logré entender de buenas a primeras de lo que se trataba, quise sentir lo que ella estaba sintiendo. Le dije que yo quería mover la olla. Me dijeron que no, que me regresara a la sala.

Lo que pasó, es que a Mónica le “agarraba la corriente”. Y si ella, que era mayor y más fuerte – en ese entonces – que yo, la estaban venciendo unos frijoles en olla, ¿qué me esperaba a mi?

El electrocutado de la tienda.

En una de esas semanas llenas de lluvia en San Salvador, uno de los árboles había hecho contacto con uno de los postes de luz de la calle de enfrente de la colonia, justo en la casa de la senhora de la tienda. Ella estaba preocupadísima porque combinar árboles, lluvia y electricidad no es algo que cualquier persona que quiera seguir viviendo combinaría. Como nadie que no tenga experiencia puede hacer de ese escenario algo catastrófico, la senhora llamó a los de CAESS [Companhía de Alumbrado Eléctrico de San Salvador], para que los expertos se encargaran del asunto. Y que el ingeniero hace una mala movida que con tanta agua y electricidad, lo tiró el poste de luz. Si no moría el pobre electrocutado, moría de la caída pero no sé cómo le hizo que siguió vivo. Ahí fue cuando dije: si ni los que saben están a salvo, ¿qué me espera a mí?

¡Me agarró la corriente!

Creciendo e intentando ser más femenina, me sucedía seguido que me agarraba la corriente porque la guía de mi plancha bronceada – con la que hice este post – ya tenía más de 3 anhos conmigo y tenía una parte cortada, así que se le salían los cablecitos de cobre. Era una gritadera cuando andaba descalza, utilizando la plancha y que esa parte del cable tocaba alguna parte de mi cuerpo… era peor si todavía no estaba totalmente seca. Entre eso y aguantar que unos companheros jugaran con sus suelas y la duela para que al momento de despedirse me dieran abrazos o me tocaran la espalda y, ajá, yo gritara como demente porque me daban toques.

Toques, toques en Otro Rollo.

Yo era fan de Otro Rollo, no me da pena decirlo. De hecho me gustaba mucho, tanto que siempre le rogaba a mi #lamamádeQueith que me dejara ver aunque sea el monólogo. Este programa siempre lo pasaban a partir de las 9, los Domingos en El Salvador, o sea “noche de escuela”. Este día tenía que dormirme temprano porque al día siguiente iniciaban las clases. Y no solo tenía que dormirme temprano, sino que tenía que tener las tareas hechas. O dormir en la tarde para poder desvelarme y ver el programa. Después de que #lamamádeQueith notara que yo era fanfromjél de Adal, llegó a un acuerdo conmigo: oficialmente podía ver el monólogo, pero no más. El monólogo era de 20 minutos a 40 así que, aproximadamente a las 10 yo ya estaba intentando dormir. El problema fue cuando los mejores artistas internacionales llegaban. Hubo una semana que repetían constantemente un comercial en el que Britney Spears estaría en Otro Rollo, le rogué a #lamamádeQueith quedarme despierta hasta ver todo el programa con Britney. Tuve que ordenar mi cuarto y lavar los trastes para lograr el permiso de quedarme todo el programa y llegar zombie a la escuela al siguiente día. Lo que más me emocionaba era que anunciaron que iban a pasar los videos del último concierto de ella en Las Vegas PERO solo podría ver los videos del concierto si veía el programa en vivo. Como cuando lo pasaban en El Salvador los Domingos era diferido, me tocó ver los videos que yo ya veía en MTV. Pero no importaba nada, mi artista favorita estaba en mi programa favorito, lo más cerca que podía estar de ella era en el programa de Adal.

¡¡Luces, cámaras!!

El mismo sentimiento ocurrió cuando supe que llegarían los Backstreet Boys a Otro Rollo. Tuve que portarme bien y hacer méritos para que #lamamádeQueith me dejara ver el programa completo de los Backstreet Boys. Tengo que aceptar que a ellos los conocí después que a Britney, porque cuando empecé a seguir a Britney, veía más canales de música y ahí pasaban canciones famosas y las de los BSB eran famosas. Pero bueno, llegaron a Otro Rollo y cantaron y salieron los Vazquez Boys y cuando hicieron la entrevista en la sala de Otro Rollo se cruzaron tres situaciones interesantes: mi programa favorito, una de las bandas más geniales de mi juventú y la electricidad a la que yo estaba acostumbrada a tenerle temor o respeto o algo.

Invitaron a los BSB a jugar a los toques toques. Ese juego en el que te hacen sentir que te agarró la corriente pero a propósito y van aumentando personas y van aumentando la intensidad. Cuando vi cómo jugaban con esa caja los BSB, los hombres más populares – que estaban bien cuidados para aguantar tanto concierto – y que aturraban la cara de dolor con la electricidad, lo único que pude pensar: ¿qué me espera a mí?

Si vas a vencer tu temor, hacelo bien y rompé un récord.

Estando en México, sabía que iba a encontrarme con varios temores que aún no quería enfrentar, entre esos: vivir una borrachera, los días de muertos, las calles solas, dormir sola en una casa grande y, obvio, los toques toques. Con mis amigas solía salir hasta muy entrada la madrugada y no faltaba la persona que llegara con su cajita y ofreciera que yo fuera parte de los toques. Si algo me había ensenhado la cercanía a la electricidad, era que era un dolor insoportable, tan solo al ver la cara de las personas aprendí eso. Siempre les decía que no y me iba para atrás del grupo, mostraba rechazo total a los toques.

En Diciembre del anho pasado, los días en los que yo tendría que haber viajado a Navidad a mi casa, estuve haciendo bastantes cosas que no había hecho antes, como estar atrás de cámaras, utilizar Excel, crear tabs en Facebook, tener calls semanales con gente en otro país, comunicarme en inglés con los companheros. Una de las cosas que me pasó muy seguido, fue que por el clima y la estática, mi laptop me agarrara la corriente en seguidas ocasiones. Incluso con guantes de algodón, la barra que está en el metrobús para detenerse, me daba toques. En serio, vivir ese Diciembre me hizo aguantar muchas experiencias del tipo meagarrólacorriente que yo antes no toleraba. En una de esas miles de cosas nuevas que yo hacía mi primer Diciembre fuera de casa, estuvo encontrar una feria temporal que se ubicó en la Alameda Central en Distrito Federal. Ponen muchos puestos de juegos, comida, y muchas cosas para tomar fotos. Pero hubo algo más chistoso qué hacer estando ahí. Había un concurso para salir en la tele y ganarse un teléfono en el que tenías que ponerle a un grupo de personas un reto, entre esos retos ganó el de hacer la cadena más grande de toques del mundo.

Ver este video me da mucha risa y nostalgia porque los toques y el me agarró la corriente es algo a lo que yo reaccionaba escandalosamente. Con esta experiencia aprendí que no duelen los toques, solo se siente como si tu teléfono en el bolsillo estuviera en vibrador por largo tiempo, que me ejemplificaran así lo que se siente ayudó a que yo fuera parte de la cadena de 104 personas jugando a los toques. De una u otra manera, yo estuve en esa cadena y no fue en una salida cualquiera, no, fue para salir en un video de Nokia, senhoras y senhores, y rompiendo el récord personal del senhor de la cajita, no fue cualquier cosa, ¿eh? Creo que no pudo haber otra forma que me convencieran a jugar a los toques toques. Me divertí un montón pero después sí tenía un montón de frío porque no andaba suéter y estábamos a menos de 16°C. 🙂

Anuncios