Sí era verdad eso del chocolate Abuelita.

El chocolate es uno de los mejores vicios que tengo. Aunque debo admitir que muy pocas veces tomo chocolate, existen dos razones de porqué no.

  1. Porque siempre he pensado que al ser una bebida caliente, se debe beber en días de mucho frío. El Salvador pareciera carecer de frío la gran mayoría del tiempo.
  2. Porque cuando compraban las tabletas en casa, yo me las comía crudas y para el momento de hervir el agua ya no había chocolate.

Aún así, tengo un recuerdo de un 20 de Diciembre. Había algún tipo de acto religioso en la cancha de mi colonia y, después de jugar escondelero, fuimos con mis amigos a ver qué pasaba a la cancha. Era un día con mucho frío, tenía con piel de pollo hasta mis piernas. Aún lo recuerdo porque se me hizo curioso que el 20 de Diciembre hicieran 20ºC. Entonces, les dije a mis amigos que ya no aguantaba, que iba a ir a la casa por un suéter y que ya iba a regresar. El único suéter que encontré fue uno blanco tejido que tenía bonitos patrones pero que no me daba suficiente calor. Me quedé en casa y al rato mi prima empezó a hacer chocolate. Cuando llegó mi mamá, tomamos las tres, pero no fue algo planeado, fue algo que salió de la nada.

Mi primera taza ever de chocolate Abuelita. Lol, el chocolate empanhó mi lente. #hot #chocolate

Así que cuando llegué a México y me contaban del chocolate Abuelita, el que une a las familias de México, el tradicional y todas esas frases me despertó la curiosidad, ¿en realidad las familias sí se sentaban juntas a beber chocolate o fue la publicidad la que los llevó a hacer eso? Se hizo cada vez más curioso porque cuando le mencionaba el chocolate Abuelita a alguien más, siempre me contaban que lo recordaban con mucho cariño, que su familia lo tomaba y que escuchaban a sus abuelitas hablar y cosas del estilo.

Creo que empecé a escuchar del chocolate Abuelita y todo lo que le rodeaba ahí por Abril del 2010. Como era época de calor, pues dudo que alguien quisiera tomar chocolate. Pero cada que iba al súper y veía el chocolate me daban ganas de comprarlo. Digo, no iban a aparecer de repente los miembros de mi familia, pero me quitaría la curiosidad de su sabor, su sentir o algo. Igual y decidí esperar para no romper el encanto, ¿qué tal que yo ni lo preparaba igual y me quedaba feo y le perdía la ilusión? A finales del 2010, justo cuando ya empezaba lo peor del frío en la Ciudad de México, yo viajé para mi casa en El Salvador para estar con mi familia en las fiestas. Cuando llegué acá, empecé a leer a mis amigos en México que estaban con la dichosa taza de chocolate Abuelita, con sus familias, historias, risas, anécdotas y todo eso. Me dio cólera pero no porque se reunieran, sino porque me había perdido la oportunidad de tomar la taza de chocolate con la familia de México en época de frío. Me habían contado tanto de ese momento que yo hasta me imaginaba en una casa totalmente diferente a la que vivía, hasta con una fogata y todo, haciendo el ambiente cálido y disfrutando de una taza de chocolate.

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Pasó el tiempo y conocí lugares mucho más fríos que el Distrito Federal, que era la ciudad en la que me movía. En Cadereyta, Querétaro, llegan a ser temperaturas bajo 0ºC en época de frío. Por lo que la época lluviosa es lo suficientemente fría para recrear la escena del chocolate Abuelita. Fue hasta hace poco que yo anduve enferma que mi suegra estaba moviendo cosas en su alacena y vi el paquete amarillo y lo reconocí. Casi que la dejo sorda cuando exclamé un poquito: ¡HEY, ESO ES CHOCOLATE ABUELITA! Lo tenía guardado porque a David casi no le gusta entonces ella no le halla tanta gracia preparar solo una taza de chocolate.

Le conté todo lo que había pasado en México con el chocolate, que mis amigos, que sus familias, que las historias, que el frío, que el chocolate y como que vio que me emocioné DEMASIADO con el chocolate Abuelita que decidió hacer esa tarde que llovía una tableta para nosotras dos. 🙂

IMG_0455Ahora ya no es curioso, sino muy interesante que el chocolate del que tanto me hablaron que era de la familia de México y las historias y el frío yo lo disfruté así como me contaron, porque con mi suegra pasamos ese día platicando con nuestra taza de chocolate, panqués de queso salidos del horno y viendo la lluvia por la ventana de su casa.

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