La lavadora como un símbolo de independencia de nuestros tiempos

Una de las ideas que te venden al ser (o querer ser) independiente es que uno tiene que resolverlo todo, hacerlo todo, fabricarlo todo; no es rara la frase: tenés que conseguir tus cosas, tu cama, tu cocina, tu lavadora, tu carro y tu casa.

SI YO TUVIERA UNA LAVADORA…

Estos últimos meses realmente he pensado que necesito una lavadora, tengo una pila de ropa sucia y necesito una lavadora para sacarla.

Recuerdo cuando vivía todavía en El Salvador, era muy desorganizada (mucho más que ahora), no tenía horario, ni tareas para hacer hoy, ni lista de cosas por hacer, probablemente no tenía ni objetivos. Mis horarios estaban regidos por lo que alguien más dijera, por lo que la Universidad dictaba, por las reuniones de la Iglesia o por el horario de los entrenos, más allá de esas agendas, yo no tenía una.

Entonces el problema de la ropa siempre estaba ahí, no tenía un día para lavar fijo, el único día que yo lavaba mi ropa era el día que no tenía nada qué ponerme o cuando mi mamá me recordaba que ya tenía bastantita ropa sucia. Mi problema era la ropa sucia pero tenía lavadora, lo que no tenía era organización.

Viví un año y medio en Coyoacán, afortunadamente el apartamento sí tenía lavadora en casa, yo ya era independiente, me hacía mi propia agenda y aún así si la ocupaba una vez al mes, era mucho. El detalle aquí no era la ropa sucia, o mi agenda, o mis días de lavado, sino que la lavadora no me resolvía el problema; me creaba un problema más.

No sé porqué no le servía el tubo para que se fuera el agua y me inundaba el apartamento, o de mínimo inundaba la cocina. Entonces, además de separar la ropa, comprar jabón, comprar suavizante, pagar excesos de luz en los recibos y colgar la ropa, me tenía que preocupar de barrer y trapear y barrer y trapear y acarrear el agua de la lavadora hasta dejar lo más seco que se pudiera.

Una tarea que podría hacerse en dos horas, se convertía en algo de todo el día. Mi problema era la ropa sucia y un cuarto lleno de agua, empezaba a tener organización y tenía una lavadora, lo que no tenía era la solución a mi problema inicial.

Así que cuando me mudé a Querétaro y empecé a meter todas mis cosas en maletas, me di cuenta que seguía teniendo la pila de ropa sucia. Entonces seguí pensando que necesitaba una lavadora.

Fui a ver varias pero para comprarla así de contado, solo tenía disponible para una manual. O sea que me estuviera parando cada 10 minutos a ver qué le faltaba o qué paso seguía y eso no respondía a mi problema.

Es igual o peor la pérdida de tiempo que la lavadora que tenía en Coyoacán.

Después me pongo a pensar en el cómo viajar ligero, si me vuelvo a mudar, si me muevo a un lugar más pequeño o cualquier cosa que pase, tendría que llevarme esa lavadora conmigo. Si de por sí, venir cargando toda mi ropa y una gata fue un reto, no me imagino lo que sería moverme con una lavadora.

Por el momento, se nota mucho que mi vida con una lavadora no resolvería en nada mi problema, más bien, me hace más pesada, más llena de cosas por hacer y difícil de mover. ¿Realmente mi problema de la ropa se resuelve comprando una máquina de 5mil pesos?

Al menos en este punto de mi vida, no lo creo, el problema no es tener o no una lavadora, ni ser o no independiente, ni vivir o no vivir sola, el problema es conseguir que mi ropa esté limpia. Punto.

Delegar tareas a otros para empezar a trabajar en serio.

Una de las ideas falsas que te venden al ser (o querer ser) independiente es que uno tiene que resolverlo todo, hacerlo todo, fabricarlo todo. Curiosamente, es al revés.

El hecho de ser independiente no significa ni estar solo ni depender de los demás. Se trata de brindar generosidad para obtener generosidad, de tener independencia para ofrecerla.

Lo anterior ha significado una gran lección para mi, sobretodo porque a mi me gusta hacer mis cosas a mi manera (refiriéndome a mi blog y a mis estudios), pensar que yo debía dejar ir algunas cosas para que alguien más las hiciera me resultaba un tanto difícil. No sabía lo que podía resultar, por lo tanto no quería delegar cosas.

Aquí la clave es no pensar en el trabajo para delegar, si no te gusta pensar que alguien más podría regarla en las actividades que vos normalmente hacés, mejor seguilas haciendo. Pero hay otras áreas en las que alguien podría ayudarte.

OUTSOURCE: ¡HOLA LAVANDERÍA FANNY!

La verdad, no sé si así se llama la dueña o su hija, pero hace poco tiempo encontramos una lavandería muy cerca de la casa y con un precio bastante accesible para mi bolsillo. El haber ido a dejar mi ropa a la lavandería resuelve mi problema de mejor manera que en todos los escenarios anteriores en los que pensaba que mi respuesta era comprar una lavadora.

La dueña de la lavandería puso un negocio propio, ella se dedica a esto, lo hace bien y además es amigable, ¿porqué no confiar en ella para que resuelva mi problema? Es chistoso pero gano más gastando 13 pesos por kilo de ropa que entrego, que queriendo hacerlo todo yo.

Tengo ropa limpia, tengo más horas libres y hasta me regalaron una bolsa para ir al super. Estoy segura que la dueña de la lavandería podría seguir con su negocio sin mi y estoy segura que si yo no fuera a la lavandería, de alguna u otra forma, podría obtener unas camisetas limpias, pero estoy más que segura que ahora que compro sus servicios, sus ingresos son mejores y mis horas libres para dedicarme a lo mío sin tener el pendiente de la ropa sucia también son mejores.

Si podés externalizar un servicio para resolver un problema y lo podés pagar, hacelo. Te quitás de pendientes.

Es curioso, pero me he encontrado con que la lavandería a la que voy no es la más barata de la cuadra. Pero me quedo con ella porque supo escribir mi nombre de nueve letras a la primera, siempre me saluda con una sonrisa, cierra en horario nocturno y no me siento presionada a levantarme temprano y porque me regaló una bolsa para el súper (esta mujer sabe cómo mantener a los clientes enganchados, de veras).

Imagino que la conclusión a la que yo llegué no funcionaría para las familias grandes, para ellos es necesario tener una lavadora y así resolver su problema de la ropa de más de tres personas. Para mi no, mi problema puede ser resuelto con 13 pesos y tanto Fanny como yo, salimos ganando.

Sigue leyendo 50 por Katherine Montero .

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Yogini. Ganadora del Small Product Lab, 2da edición. Autora de The Mini-Guide for Writing a Super Complete Post in 20 Minutes. 5x Campeona Nacional de Impulsión de Bala (El Salvador). 4x Campeona Nacional de Lanzamiento de Disco (El Salvador). Administradora de empresas junior. Estudiante de Ingeniería Civil de primer año.