Qué hacer para que confíen en tu creatividad laboral

Cada vez que alguien me pedía que hiciese una campaña para su negocio o su producto me esmeraba lo más que podía. No solo hacía uso de mis conocimientos en redes sociales, sino que realmente me ponía a pensar cómo hacer la campaña más atractiva para cierto grupo de personas o porqué debería de hacerse esto o lo otro. Me pasaba horas pensando lo mejor para la campaña y lo hacía porque en realidad me encantaba hacerlo, sentía que si tenía que ponerme creativa, esa era la hora perfecta para hacerlo.

Realmente, el problema para mí no era entregar campañas armadas de principio a fin, entregar ideas o bosquejos de lo que se venía en el próximo período de tiempo… el verdadero problema era que siempre había una persona que no sabía absolutamente nada de mi área que me lo rebotaba todo. Pero cuando digo todo es todo.

No voy a seguir con el coraje porque basta decir que me frustaba cada día más de hacer ese tipo de trabajo. Es decir, si sos creativo y te detienen en tu creatividad, ¿como que para qué querés seguir haciéndolo si sabés que para todo te van a decir que no?

Pero aquí viene lo que más coraje me ocasionaba. Veía las campañas que después se aprobaban y eran horribles, terribles, detestables y aburridas. No sé si realmente era miedo a probar algo nuevo en un medio nuevo o si de verdad pensaban que se trataba de hacer lo mismo en digital y en físico.

De cualquier forma, me di cuenta que estas personas no me estaban dejando ser como creativa. Simplemente no podía explotar mi creatividad porque a las primeras de cambio me decían que le parara, que algo más simple estaba mejor o que el cliente ya sabía lo que quería y lo único que quería era un “buenos días” a las 9am todos los días…

Poco a poco me di cuenta que no solo eran ellos los que no me estaban dejando ser como creativa, es prácticamente todo el mundo el que se va cerrando. Te dicen que solo hay una forma de hacer las cosas en cualquier ámbito y pobre de vos si pensás que existe otra forma o intentás hacer algo de otra manera, porque de buenas a primeras te van a decir que así no es y en segunda se van a reir de vos porque te diste por vencido muy fácil.

Te cuento esto porque es fácil decir que en el trabajo no te dejan ser creativo pero realmente necesitás un poco más de tiempo para darte cuenta que todo el mundo es así, incluso a veces vos has sido así, yo he sido así.

En mi casa siempre hemos respetado la comida y los postres. Te digo respetado porque no nos gusta mezclar las cosas; la comida es salada, los postres son dulces. Si me invitabas a comer una pizza hawaiana, por más que me gustaran las pizzas y más cuando eran invitaciones, te iba a decir que no. Eso de que mezclen lo dulce con lo salado era una aberración, para mí no existe ese tipo de creatividad en la cocina. Me iba a lo que conocía y listo.

Cuando estaba todavía en El Salvador, era normal tener un sopón los domingos, en nuestra casa o en la casa de alguna tía. Me encantaba que me sirvieran papas de más porque a mi gusto, era el único ingrediente que agarraba el sabor de la sopa. Los demás ingredientes como zanahoria, plátano y elote eran demasiado dulces para estar en una sopa. Poco a poco fui acomodándome más al sabor del elote y el plátano. Pero mi mamá peleó de un sinfín de formas para que me tragara las zanahorias. Es que honestamente, eran muy dulces para estar en una sopa. Me dijo sobre los beneficios con el sentido de la vista, me dijo que lo necesitaría para cuando estuviera más grande, pero yo estaba renuente a probar algo dulce y salado en el mismo bocado.

Primero fue el hígado, después el jugo de tomate, después las verduras moradas y todo lo dulce/salado. Me estaba convirtiendo en lo que más me había dolido que me detuviera: una persona que no aceptaba la creatividad en un rubro que no era su especialidad. No es que los chefs dejaran de vender sus platos porque yo no me los comiera, pero definitivamente estaba deteniendo la creatividad de una persona y por ende, dándole armas al karma para que detuviera la mía.

Después de años de cerrarme ante la idea de no probar cosas que no se me hacían suculentas, decidí iniciar una etapa de probar todo lo nuevo. Se lo mencioné a David y cada vez que hacía cara a algún tipo de comida rara, él no olvidaba mencionarme lo anterior. Lo empezaba todo con “normalmente no te comerías esto pero como estás en una nueva etapa de tu vida en la que prometiste que ibas a probar cosas nuevas…”. Y yo no tenía más remedio que aceptar mis palabras e intentar probar lo que tuviera enfrente. Lo bueno es que hasta eso, tengo un novio que me comprende y si de verdad, yo probaba algo que honestamente no me gustaba, él no me presionaba porque sabía que mi promesa había sido probar.

Lo de la comida, de una u otra forma, fue bastante fácil. Es algo que puedo hacer 1 vez al día y dejar de hacerlo las otras 2. Lo podía hacer 1 vez a la semana y ya está. Pero ¿iba a poder hacerlo con algo permanente? ¿le iba a poder devolver la apertura de la creatividad a algún colega que se dedicara a “lo digital”? El cambio de mi karma creativo había empezado en mí, de eso no había duda, ¿pero qué tan lejos llegaría?

Cuando empezábamos a hablar de Crossbee con David, sabíamos que queríamos que una abejita estuviera en el logo. No teníamos ni idea de qué necesitaba el logo, solo queríamos que la abejita estuviera reflejada en él. Así que le conté a mi amiga que realizaría el logo todo lo que Crossbee significaba para mí, lo que queríamos que fuera, cuál era nuestro motivo y el significado del nombre, pero la única petición fue que la abejita estuviera por ahí.

Quise confiar en su trabajo – porque desde hace mucho me gustaba cómo dibujaba ella, ya había hecho varias caricaturas mías y era fan – así que no quise meterme mucho en lo creativo. Quise ser como la clienta que nunca tuve, quise darle toda la info que necesitase para inspirarse pero dejarla que ella hiciera lo que tenía que hacer, que ella pusiera lo que se debía en el logo porque ella había estudiado qué comunicaba cada cosa, ella había pasado años desarrollando su talento y ella había estudiado cada tipografía que tuviera en su computadora.

Debo decir que hasta el día de hoy estoy enamorada de aquel logo. Confiar me hizo bien, confiar en la creatividad de los demás me hizo obtener algo especial y algo que sigo queriendo. Pero también, si nos ponemos en perspectiva era “fácil” confiar en un colega que yo ya admirara y que se dedicara a lo digital.

De hecho, ya lo dije “quise ser como la clienta que yo nunca tuve”. Simplemente no quise ser la que bloqueara la creatividad de alguien ni la que le dijera que no a todo lo que hace con esmero porque sé lo horrible que se siente. Además, aunque ella se dedique a la animación y diseño gráfico y yo a la creación y optimización de contenido, las dos estamos en digital, las dos sabemos de qué va esto y las dos sabemos lo malos que pueden llegar a ser los clientes cuando no saben a qué nos dedicamos.

Entonces, finalmente llegó una forma en la que realmente podría iniciar el cambio de la creatividad en mí pero que realmente se compensara con todo lo que me había sucedido en el pasado. Si quería que alguien respetara mi trabajo y creatividad en digital, yo debía buscar la oportunidad de respetar el trabajo y la creatividad de alguien en físico.

Esto que te digo no llegó de la noche a la mañana, de hecho, incluso cuando fui a este lugar no sabía ni lo que estaba haciendo. Llegué pensando que sabía exactamente lo que quería y que si no quedaba como yo sabía que lo quería, entonces iba a hacer un cambio radical para obtener lo que siempre me ha funcionado solo que con menos esfuerzo.

Estoy hablando de mi melena.

Esto de mi cabello es la típica historia de “mi melena era hermosa, vi un corte que pensé que me quedaría bien, fui a un salón y la que me cortó el pelo tenía mala mano; ahora mi cabello es horrible“. No fuera tan dramática al respecto si no me hubiera ocurrido cuando yo tenía apenas 5 años. Ni siquiera disfruté mi hermoso cabello como se debía. Todos estos años he estado haciendo miles de cosas para intentar alargarlo, alisarlo, hacer que brille pero en cada una he errado porque nunca he llegado a ver que esté a punto de mejorar.

De hecho, mi cabello nunca fue manejable, de nuevo. He probado de todos los tipos de productos y hasta he probado no probar ningún producto y, de corazón te digo, en mi pelo no funciona. No sirve nada. Siempre hay algo que sale mal. Podría detallar aquí todo lo que me ha salido mal, pero este post trata sobre la creatividad laboral, no sobre todos los menjurjes que las mujeres probamos en nosotras mismas.

Finalmente, llegó el día de luna llena y decidí ir al salón a cortarme el pelo. Tenía desde Septiembre del 2012 sin cortarme el pelo. Así que fui con la idea de cortarme el pelo y si no quedaba como yo quería, iba a cotizar el alisado permanente. Este proceso me alisa el cabello por un montón de tiempo y me lo hace, de cierta forma, manejable pero eso sí, mi melena sufre muchos cambios químicos y las puntas se hacen detestables. Ese era mi plan y empecé diciendo algo como:

Tengo demasiado pelo y el año antepasado cometí la locura de pintarme el pelo de rojo, quisiera que se fuera todo eso rojo que hay por ahí y que me quitara las puntas que no sirven, pero que siempre quede largo y que tenga forma pero que no esté recto, y…” y después me callé por un segundo. Aunque lo que te voy a contar en mi mente solo duró un segundo, la reflexión que pude sacar de todo aquello fue larguísima.

Yo estaba metiéndome en un rubro en el que OBVIAMENTE no tenía ni idea. Tengo 23 años y soy experta en arruinar mi pelo desde los 5. Tengo 18 años sin saber qué hacer bien con mi pelo y con mis indicaciones, probablemente, estaba perpetuando esta acción.

Al final, le dije a la estilista: ¿Sabe qué? Olvide todo lo que le acabo de decir. Usted es la profesional aquí, mejor dígame qué le conviene a mi pelo, lo único que quiero es que se vayan las puntas que no están sanas y que no se me espante mucho. Eso es todo lo que quiero. 

Mi estilista me agradeció por la confianza que puse en ella y me dijo que no me preocupara porque ella sabía exactamente lo que yo necesitaba. De hecho, me lo describió, me dijo todo lo que a mí no me gustaba de mi cabello y me dijo cómo arreglarlo. No me cortó más de lo necesario y me dejó un estilo que me encantó, que es fácil de usar y que no parece de los 70’s. Además, durante todo lo que duró el corte me hizo notar que uno de los productos que yo estaba usando estaba arruinando el potencial de mi melena y que por eso nunca me terminaba de gustar. Cuando me estaba explicando todo lo de este producto, para mis adentros pensé que me iba a intentar vender uno de los productos mágicos que tienen en sus estantes. Pero ni eso, ni hizo la venta forzosa y me dijo que no usara el producto que yo utilizaba con frecuencia y me recomendó cómo aprovecharlo si es que yo ya había hecho la inversión.

Debo decir que me había costado aceptar mi cabello por años y lo logré. Pero con esta vez que visité a mi estilista, encontré una nueva forma de, no solo aceptarlo y quedarme con cómo está porque ni modo, sino que realmente hacer que se vea bien y que me guste todos los días. De corazón te digo, mi estilista controló mi cabello, me dio trucos de cómo peinarlo para tardarme menos, me dio tips de productos para salir de casa en menos de 15 minutos y, sobretodo, me hizo olvidarme de “mi plan B” de alisar permanentemente mi melena. Confiar en el trabajo y la especialidad de otra persona me hizo sentir muy bien. Me hizo sacarle el mejor partido a algo que yo no sabía cómo y hasta me dio trucos para que yo lo hiciera en casa.

Antes me molestaba muchísimo que las personas no confiaran en mi creatividad laboral pero ahora sé exactamente porqué me molesta tanto. No era que me molestaba que le cerraran las puertas a mi creatividad, era que yo sabía lo que estaba al otro lado y sabía lo beneficioso que sería para ellos. Ahora que finalmente yo sé qué está del otro lado de la confianza en las personas que se especializan en otros rubros diferentes al mío, puedo decirle sin problemas a los que no quieren confiar en mi especialidad que lo que puedo hacer por ellos es mejor de lo que tienen en mente.

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Civil Engineering Sophomore. Yogini. Small Product Lab Winner. Author of The Mini-Guide for Writing a Super Complete Post in 20 Minutes. 5x Shotput National Winner (El Salvador). 4x Discus National Winner (El Salvador). Business Administration Junior.