Una idea no cambia el mundo, la ejecución de esa idea sí

Creo que aún no he logrado cambiar el mundo, pero sí logré cambiar el mundo de tres gatitos. Ahora hay tres gatitos más que confían en los humanos.

Cuidar a una mascota es una de las cosas más responsables y más amorosas que puedes hacer. No solo te sientes bien contigo mismo y haces sentir bien a alguien (tu mascota) más, pero también ellos te hacen sentir bien, ellos te reconocen como su familia y te empiezan a querer a su propia manera.

Recuerdo el día que fui por Cedra. La mamá de mi amiga que tenía a los gatitos vio como mi Cedrita se quedó dormida en mis piernas y nos dijo (a mí y a mi otra amiga que adoptó otra gatita): creo que hasta los gatitos saben que ahora ya están a salvo.

Cuando me dijo aquellas palabras se me puso la piel de gallina y me emocioné. Sabía que ahora era responsable por alguien más pero también que ya no iba a estar sola.

Me tomé el cargo muy en serio, tan en serio que es bastante común que todas las personas que me visiten digan cosas como “la Cedra es tan consentida, ¡mucho la consentís!“. Pero qué puedo hacer, es mi bolita de pelos personal y la adoro.

Además, con ella aprendí a amar a los gatos, yo antes solo era fanática de los perritos pero ella me abrió la puerta a querer a los gatitos, también.

Como me la entregaron desde pequeña, me di cuenta que la mayoría de cosas que ella hiciera iban a ser porque yo se las enseñara. Aunque me advirtieron que los gatos son como callados, no te hacen caso, ellos están en sus cosas y prácticamente te ignoran; no me importó.

Yo intenté criarla lo mejor que pude. Pasados los meses, me di cuenta que mi Cedra era diferente, le inculqué que me volteara a ver cuando le decía “mish“, como decimos en mi país, y no como los suelen llamar en México; cada vez que llegaba de salir, llegaba aullándonos, así como contándonos lo que había pasado mientras estaba afuera; siempre se iba a dónde estábamos todos, no importa que solo se fuera a dormir o seguir en lo suyo, siempre quería estar con nosotros; cuando llegaban nuestros amigos a la casa, ella no se ponía uraña, mas bien se ponía a ronronearles a las visitas para que la acariciaran, en realidad la Cedra tiene un comportamiento demasiado dulce para ser una gatita.

Fue que entendí que los gatos no son así por ser así, los gatos son como son por cómo los has criado. Y creo que cualquier mascota es como es por la crianza que recibió.

Cuando me mudé a Querétaro, llegamos a una casa donde Cedra iba a tener la oportunidad de moverse más y hasta un patio para explorar. Nos dimos cuenta que habían más gatitos en el área, pero tratábamos de no hacerles caso, por lo menos hasta operar a Cedrita para esterilizarla.

Cuando terminó la operación de Cedrita, su período de recuperación y ella empezó a salir, empezamos a notar más y más a los gatitos cercanos. Pero era como “ah, los güeros viven en la casa abandonada, el gris es de la avenida y ese flaco es de atrás” o cosas por el estilo.

Esos güeros que te menciono eran los más sucios y los más miedosos. A los otros les hablábamos o les hacíamos señitas y básicamente nos ignoraban.

Los güeros se nos quedaban viendo y les dábamos miedo. Lo único que se me ocurre es que algo malo les han de haber hecho algunos humanos para ser tan miedosos, basándome en la teoría del cómo te crían, cómo te comportas.

En la casa ni lo pensamos ni lo decidimos ni nada por el estilo, pero teníamos que lograr acariciar a los güeritos, eso era lo único que queríamos. Pasaron meses en que los llamábamos, nos quedábamos quietos esperando que se acercaran y fue por gusto.

Lo único que pasaba es que se ponían a descansar debajo del carro, pero cuando escuchaban la puerta de la casa, se iban corriendo.

Hasta que un día David llegó contando a la casa que había tocado a uno de los güeritos pero que mientras lo hacía, el gatito temblaba bien feo. Cuando lo acariciaba, el gatito no sabía qué hacer y media vez levantó la mano, el gatito se fue corriendo asustado.

A las semanas, Poli también logró acariciarlo. Y se dio cuenta que el gatito en realidad era una gatita.

Vaya, hasta la mamá de David logró tocar a la gatita güera antes que se dejara de mí, creo que yo era la que más le daba miedo… o al menos la que hacía muchísimo más ruido al intentar acercármele.

Pero fue una cuestión de al menos 4 meses de poder acercarnos a uno de los gatitos güeros, a la niña, para que ella pudiera ver que podían confiar en nosotros. Vale decir que el gesto de la gatita, hizo que nos encariñáramos con ella.

Así que agarramos uno de los platitos viejos de la Cedra y le compartíamos agua. Después tomamos una bandejita y le empezamos a poner croquetas.

Al fin y al cabo, daño no estábamos haciendo, porque los gatos normalmente en una casa lo que necesitan es agua, comida y arena. Como ahorita estamos hablando de gatos callejeros, estos gatitos necesitaban de nosotros solo agua y comida. Así que no nos pesó dársela.

El otro güerito se acercaba a comer y beber agua, pero aún no confía en nosotros. La güerita sí, hasta se pone boca arriba cuando le hacemos cariñitos y, a veces, se rueda, nos maúlla cuando nos ve salir de la casa y ha logrado entrar a la sala un par de ocasiones.

Un día Poli y yo estábamos intentando que entrara hasta las escaleras pero, creo que nos descubrió y no se dejó.

Y hace unos días, que empezaría lo más fuerte del frío, David tuvo la idea de sacar un cojín que teníamos empolvándose por ahí y unas sábanas viejas que no teníamos intención de utilizar, y las puso cerca del lugar que le ponemos los platitos a los güeritos.

Bastaron un par de horas para notar que la güerita ya se había ido a instalar con nosotros y que también ella considera nuestra casa, su casa.

Lo que te quiero decir, es que con cosas que no son tan grandes le podés devolver la confianza en la humanidad a un gatito, también lo podés salvar del frío y empezar a engordarlo poco a poco.

En realidad, estos gatitos ya tenían un dueño (en la casa abandonada que te menciono, vive una persona y, creo que cuando esta persona se pone mal de la cabeza a propósito, maltrata a los gatitos, por eso nos tenían tanto miedo), así que lo único que necesitaban era comida de verdad y agua limpia regularmente.

Lo de las cobijas se le ocurrió a David al final, pero fue solo porque nos dimos cuenta que los gatitos preferían estar cerca de nosotros que en su propia casa. Sin embargo, aunque podría decirse que hemos intentado adoptar a los gatitos, en realidad siguen siendo bastante independientes.

El lugar que les arreglamos tiene un techo, sin embargo tiene un barandal donde ellos son capaces de entrar y salir cuando lo deseen, porque sabemos que quizás no quieran estar con nosotros todo el tiempo como hemos criado a Cedra.

Estos gatitos nos han dado momentos felices, nos han demostrado su agradecimiento a su manera y francamente, la casa se siente más alegre cuando dos gatitas te maúllan para darte la bienvenida y el tercero está observándolas.

En conclusión, hay muchas buenas ideas rondando por el mundo, como aquella idea que te conté que decía mi amiga Nancy de dejar comida para los perritos callejeros, pero de corazón te digo: ninguna idea es tan buena como lo que sucede cuando las ejecutas.

Si tu idea es generosa, si lo vas a hacer de corazón, si vas a hacer feliz a otros, no pensés más y hacelo, le podés cambiar el mundo a alguien.

Sigue leyendo 50 por Katherine Montero .

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2 thoughts on “Una idea no cambia el mundo, la ejecución de esa idea sí

  1. Hay mascotas que aunque tengan a alguien que dice ser responsable por ellas, están tan mal y tan necesitadas como si no tuvieran a nadie. Qué lindo que estos gatitos encontraron refugio con ustedes :3 Siempre se puede mejorar el mundo de alguien.

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