4 enseñanzas que me deja la nuez de la India

Una de las cosas que más me impresionaron de México fue saber que le llaman nuez de la India a la semilla de marañón. Es una situación extraña, porque el fruto ni siquiera es de la India, el árbol no es originario de allá y no conocen los marañones, ¿porqué le llamarían nuez de la India a la semilla de marañón?

Es algo que estuve meditando e investigando los últimos días y quería contarte las 4 enseñanzas que me deja la nuez de la India después de todo esto.

MARAÑÓN.

Si te dijera que aún recuerdo la primera vez que tuve contacto con un marañón, te estaría mintiendo. Lo que sí te puedo asegurar es que he tenido contacto cercano con los marañones desde siempre, principalmente porque en las dos casas que reconozco como mías ha habido un palo de marañón cerca.

En mi casa en San Salvador, justo al salir y cerrar mi puerta con doble llave hay un palo de marañón como de unos 3 metros de alto, es de mi vecina. Ese palo ha estado ahí desde mis fotos cuando tenía 1 año y quizás desde más atrás.

La otra que reconocía como mi casa, era la casa de mi bisabuela en Usulután, aquella casa hecha de ladrillos de adobe que te he contado varias veces. Pues ahí teníamos un montón de palos, ahí había un árbol de marañón de como 5 metros de alto.

Allá sí me daba gusto probando todo tipo de frutas, en especial los mangos y los cocos.

Pues bien, ¿qué es el marañón? El marañón es un fruto muy curioso de un árbol que muy pocas veces llamará tu atención. Cuando intento explicar qué es un marañón se me hace muy difícil, porque su forma es muy divertida.

Siempre digo que es un fruto que parece una sombrilla, que el fruto es lo que te cubre y la pepita o semilla es lo que tomarías para detener la sombrilla.

Nunca había tenido una razón para explicar qué es un marañón porque en El Salvador todos los conocemos. Hasta conocemos los marañones japoneses, cuya forma es idéntica al marañón, con la diferencia que la semilla de los marañones japoneses viene dentro del fruto y no debajo como los marañones normales.

Como marañones desde chiquita porque el fruto es rico, es dulce, es carnosito, es como la mayoría de mis frutas preferidas. Eso sí, los como con moderación porque cuando comés muchos, te pasa igual que con la piña, sentís que te escalda la boca.

No sé si escaldar sea el concepto correcto, pero es lo más cercano a lo que sentís cuando comés demasiados marañones.

Dado que el árbol que está fuera de mi casa de San Salvador está sembrado en una acera con apenas 20 centímetros de profundidad y el árbol que estaba en Usulután estaba como a un metro de la tabujía, me di cuenta que este árbol no necesita el gran cuidado. No necesita tanta tierra, ni tanta agua, ni tanta altura, por lo que supuse que la mayoría de lugares donde hay dos estaciones climáticas bien marcadas, tendrían un árbol de marañón.

Digo, si tenemos marañones japoneses, obviamente que conocen los marañones hasta en Japón.

El marañón como concepto se divide en 3 partes. La primera es el árbol, la segunda es el fruto y la tercera es la pepita.

Dentro de la pepita viene la semilla. No es tan difícil entender esto cuando conocés un marañón y sobretodo cuando ves caer las alfombras de marañones en época de calor.

De hecho, estas alfombras que te cuento se ven hermosas porque los marañones pueden llegar a ser amarillos, rojos, anaranjados y los que todavía no están son verdes.

Lo mejor de todo es que por ser abundantes en mi país, su precio es baratísimo. Y dejá el precio, prácticamente podés pasar recogiendo alguno que se haya caído de algún palo que esté en la ciudad o en la Universidad.

Si quisiera que recordaras algo para la posteridad es esto: los marañones se conforman de 3 partes: árbol, fruto, semilla; nacen en cualquier lado con poca tierra, poco cuidado y ofrecen mucha abundancia, frescura pero con moderación.

CÓMO COMERSE UN MARAÑÓN.

Creo que hay dos cosas que hacen que el ser humano se mueva para crear soluciones creativas: la escasez es una y la abundancia de una sola cosa es la otra. Cuando viajábamos a Usulután, teníamos la segunda situación, teníamos tantas frutas que teníamos que encontrar formas para conservarlas y comerlas de distintas formas para que no odiáramos la fruta y para que no se nos arruinaran sin haberlas disfrutado.

Comer un marañón no es tan difícil, es como comer cualquier otra fruta. La lavás, le quitás la cáscara, la mordés y listo.

Con el tiempo de comer marañones vas conociendo cómo sabe, cuál es su punto y hasta cuál es tu propio límite para comerlas. Mi límite son de 7 a 8, después de este número se me empieza a escaldar la boca.

Lo que pocas personas saben es que, al ser una fruta llena de carne, que nace en la época de calor, podés hacer cosas más creativas con el marañón. Por ejemplo, congelarlos es una solución creativa. Los guardás por más tiempo y al comerlos, no solo saben ricos sino que te refrescan más de lo normal.

Otra solución creativa es convertirlos en fresco. Los lavas, cortás unos tres en pedacitos, los metés a la licuadora y les ponés un vaso extra de agua. Los licuás y después le vas agregando más vasos de agua, dependiendo de cómo te gusten los frescos en tu casa. Al final le agregás azucar al gusto y hielo. Ah, y si querés lo colás.

Una solución creativa cuaresmeña (lo pongo así porque en El Salvador es como tradición comer este tipo de dulces en cuaresma) es hacer conserva de marañón. Después de lavados, ponés los frutos de marañón en una olla, los casi cubrís de agua, les echás el dulce de atado y demás ingredientes para hacer tu conserva, los dejás a fuego lento por 1 o 2 horas y a comer.

Otras soluciones puede ser en un coctel de frutas, mermeladas, papillas, etc.

La verdad, la fruta es demasiado versátil por sus propiedades, por ser carnosita y dulce.

Si debieras de quedarte con una conclusión sobre esto, me gustaría que te quedaras con esta: la fruta del marañón es tan versátil en las comidas como el mango, no tiene igual sabor, pero las dos son carnositas, las dos saben dulces y de las dos puedes lograr muchas recetas.

SEMILLA DE MARAÑÓN.

Cuando eres niño tienes muchas cosas de la vida fácil, la única condición es que no cuestiones nada. Si tu mamá te da de comer, tú comes; si tu mamá te dice que es hora de dormir, debes intentar dormir; así que si tu mamá te da de probar una semilla que vos en la vida habías probado y te dice que se llama semilla de marañón, vos te la comés y aceptás que es semilla de marañón.

No hacés preguntas al respecto (bueno, podés hacer preguntas sobre cómo se relacionan o porqué se llama así, pero nunca dudás que lo que te presentan como comida, sea la comida que te están presentando).

Cuando dicen que sos como una esponjita cuando sos chiquito, tienen razón, porque lo único que hacés es absorber todo lo que podás y, sin saberlo, tenés muchas cosas en tu cerebro lista para ser utilizadas después (te sorprenderías de todas las cosas que sabés y que aprendiste cuando estabas chiquito, un día ponete a meditar sobre esto y te vas a dar cuenta que es así).

La semilla de marañón es un tipo de bocadillo que tiene forma de un frijol como alargado de color café, que tiene sabor entre dulce y simple. Al contrario que la fruta de marañón, no te deja escaldada la boca si comés semillas de más.

Es normal, al menos en mi país, encontrar a un vendedor ambulante que se sube a un bus a ofrecerte una bolsita de semillas de marañón por una cora (0.25 centavos de dólar). También recuerdo una época que las vendían como boquitas o churritos, en una bolsa marca Diana, que te vendían en la tienda.

No recuerdo el precio, pero era barata. Aquí puedes ver una foto de la bolsa de semillas de marañón a la venta por Diana.

Con lo anterior, te quiero dar a entender, que no solo el marañón era de lo más común en mi casa, sino también sus semillas, era algo que se veía casi todos los días y que puede crecer en cualquier lado.

¿CÓMO SE OBTIENE LA SEMILLA DEL MARAÑÓN?

Aunque los marañones y las semillas de marañón eran bastante comunes, yo aún no aprendía a hacer el clic entre ellas. ¿De dónde salen las semillas si el fruto que me como no tiene semillas? Esto lo aprendí un par de años después, ahí por mis 9 años, cuando fuimos a la casa de mi bisabuela.

¿Te acordás de lo mucho que te digo de los árboles y frutas que teníamos por allá? Si bien es cierto, que por el trabajo de mis bisabuelos teníamos abundancia en frutitas y cosas del campo, también es cierto que abundaba el trabajo.

Entonces, recuerdo que una de esas veces que fuimos a visitar a mi bisabuela, le ayudamos a cortar unos elotes y estábamos pelándolos en la parte de enfrente, en el suelo. Poníamos unas piedras para sentarnos y nos íbamos pasando los elotes entre todos para pelarlos.

Poníamos las hojas en un montón y los elotes en otro montón. Absolutamente todos estábamos ayudando a hacerlo. Menos mi bisabuela, que estaba por otro lado preparando cosas para hacer después.

En uno de esos elotes que me tocó a mí pelar, me salió un gusano horrible. Creo que jamás se me va a olvidar cómo lucía. Era un gusano de colores rojo y negro, ¡tenía muchos pelos!

Empecé a gritar como loca, tiré el elote, tiré las hojas, a saber dónde cayó el gusano y lo peor es que no era haberlo visto, sino no saber dónde estaba, porque ahora no tenía ni idea si lo tenía en mi espalda o en mi pelo.

Hice el escándalo del día por un gusano. Tanto así que ese día aprendí tres cosas importantes.

  • La primera cosa que aprendí es cómo seleccionar los elotes. El color de las hojas te va diciendo si el elote de adentro ya fue picado por un insecto o no, eso lo aprendí a mis 9 años después del susto del gusano.
  • También sé que a todo le encontrás un uso, si por algo estábamos dividiendo los elotes y las hojas, era porque para los dos teníamos planeados algo. Las hojas sirven para los tamales de elote y para las riguas. Y los elotes para hacer tamales, tortillas, pupusas o demás.
  • El hecho de encontrar un gusano en medio de tu trabajo, no significa que dejarás de realizar algo de valor, probablemente cambiarás el rumbo, pero no te vas a alejar de tus responsabilidades por ello.

Mi bisabuela se encargó de enseñármelo muy bien con su ejemplo. Cuando me vio gritando, supo que yo no podía realizar el trabajo de los elotes al menos en esta ocasión. Pero me tomó del brazo, me dio un vasito con agua fresca y me dijo que le ayudara a hacer unas cosas más: quería que le ayudara a tostar unas cosas.

Así que ella me fue diciendo qué hacer para ayudarla. Primero fue que le pasara unos ladrillos, después unas ramas que estaban por ahí todas inservibles y secas, al final unas bolsas.

Mi bisabuela estaba armando una cocina. Al poco tiempo de encender las ramas secas, me dijo que le ayudara a agitar un cartón para que se encendiera más rápido.

Cuando logramos encender las ramas, se puso un comal enorme encima del fuego y mi bisabuela tomó dos palos: una vara de bambú algo larga y otra de las ramas secas. Abrió las bolsas que me había dicho que le trajera y me di cuenta que lo que contenían eran las pepitas del marañón.

Esas cositas que vienen por debajo del fruto de marañón como si fueran el mango donde agarrás una sombrilla.

Mi bisabuela las tiró al comal enorme que teníamos al fuego. Al principio me dijo que las quería tostar, pero era una palabra que quizás me dijo para que yo no me asustara al principio.

Recordá: yo tenía 9 años cuando esto pasó.

Cuando las pepitas del marañón empezaban a moverse por el calor, mi bisabuela las movía todavía más con la vara de bambú, para que todas alcanzaran el mismo nivel de calor por todos los lados que fuera posible.

El siguiente paso no lo recuerdo con claridad, no sé si mi bisabuela tiró aceite o si agua o si no tiró nada, pero lo que sí recuerdo es que con la rama seca que se quedó, tomó fuego de debajo del comal y lo pasó para arriba. Estaba quemando por completo las pepitas de marañón.

Recuerdo muy bien esta escena porque esa llama se convirtió en la fogata más gigante que había tenido la oportunidad de presenciar. La llamarada, desde donde yo la estaba viendo, era mucho más alta que el techo de mis bisabuelos.

Lo primero que se me vino a la cabeza fue que quizás mi abuela estaba preparando esas cosas para que fueran como carbones. Los estaba quemando por completo y los agitaba para que se quemaran por completo de todos lados.

Después de un rato que se estaban quemando las pepitas de marañón, empezó a apagarlo. Me dijo que al rato regresaríamos, cuando se enfriaran porque era imposible revisar ahorita las pepitas de marañón quemadas.

Fuimos a hacer otras cosas por mientras. Después de un rato fuimos de nuevo a ver las pepitas de marañón quemadas, mi bisabuela les roció un poco de agua para ver qué tan calientes estaban y después agarró unas pocas en su mano.

Me llevó cerca de unos ladrillos que tenía cerca de la tabujía, al lado de la casa y lo que hizo después me sorprendió muchísimo.

Mi bisabuela tomó una piedra y quebró las pepitas de marañón quemadas. Lo que quería la bisabuela no era hacer carbones como yo lo había imaginado, ¡¡¡mi bisabuela estaba preparando las semillas de marañón para que nosotros las comiéramos!!!

Tenía la primicia frente a mis ojos, finalmente había podido descubrir la conexión entre todos los productos que formaban parte del marañón. Ya no había dudas de nada, ya sabía que habían 3 cosas con el nombre de marañón y ahora entendía perfectamente la conexión entre esas tres cosas.

Una vez que aprendes este tipo de conexiones, es difícil olvidarlas. Podrás olvidar los nombres científicos y algunos detalles de cómo sucedió el descubrimiento, pero la conexión nunca se te va de la mente.

No solo había probado el marañón, visto un árbol de marañones y comido semillas de marañón, ahora sabía cómo encontrar un producto en el otro. La verdad el concepto de marañón se había completado en teoría y yo lo había visto en la realidad.

Si deseás quedarte con una frase sobre todo esto, quedate con esto: lo que aprendés con teorías y descubrís con hechos, nunca se te olvida; y si descubrís una conexión importante con cosas que ya sabías, es difícil que alguien venga a moverte de tus creencias, porque vos no solo lo creíste, sino que lo descubriste y comprobaste con tus propias fuentes, también.

LOS REGIONALISMOS VAN A TERMINAR MATÁNDOME.

Hace algunos meses hice una nota que se llamó así los regionalismos van a terminar matándome; era una nota relajada en la que te contaba la parte divertida sobre un shock cultural. A veces estos encuentros con tu realidad y la realidad de otros es buena, porque significa que te estás alejando de tu zona de confort, que querés conocer más allá de lo que está en tu nariz y que lo estás consiguiendo.

Escribir esa nota tenía la intención de decir: hey, esta cosa se llama de dos maneras distintas, ¿no es eso algo genial y raro al mismo tiempo?

Pero aunque entendía que en distintas culturas algo se iba a llamar de distinta forma, no se me iba de la mente el tener que explicar esta historia de los marañones.

Quizás me siento más personalmente atada al concepto de los marañones porque es un recuerdo familiar al que me estoy aferrando, porque es una de las grandes lecciones que he aprendido en mi familia, por el ejemplo y no por palabras, porque es una anécdota que solamente yo tengo con mi bisabuela; será lo que sea, pero el sentimiento y el pensamiento no se me iban.

Entonces estuve dejando reposar el escribir todo esto.

¿Te soy sincera? Aunque me sentía personalmente atada a explicar lo que significaban los marañones, cómo se unen y la forma que lo descubrí, no se me hacía un buen plan escribirlo y ya, porque yo sabía que al final solo quería externar un capricho.

Al final de cuentas, era un sentimiento como de egoísmo el que me estaba diciendo que lo hiciera.

Así que me tomé mis días de meditación, lectura e investigación; en mi parte racional, sabía que tenía que encontrar una razón buena para escribir todo esto, sino lo iba a dejar atrás porque ¿para qué abrir la boca si no vas a decir nada bueno, cierto?

Todo lo que te he contado hasta el momento es lo que sabía por historia familiar sobre los marañones. A partir de aquí empieza lo bonito, ya te vas a dar cuenta porqué.

NUEZ DE LA INDIA.

Conocí que le llamaban nuez de la India a la semilla de marañón un día que iba caminando por la Condesa en el Distrito Federal y vi pasando a un señor con un carrito de botanitas. Le señalé que quería de esas semillas y él me dijo rápidamente el nombre y el precio. Me fui de espaldas por los dos.

La nuez de la India es una semilla como de frijol alargada de color café que tiene un sabor entre dulce y simple. No hace falta darse cuenta que la nuez de la India es la misma semilla de marañón, con la diferencia de tener un nombre y precios distintos. Por eso no voy a meterme tanto aquí, porque ya te conté a profundidad todo lo que sé del marañón arriba.

Yo me negaba, internamente, a llamarle nuez de la India porque ese nombre no me daba una conexión entre los tres productos que se derivan del marañón.

Y lo más increíble es que los precios están disparatados (por lo menos para mi bolsillo), pasar de pagar 25 centavos de dólar por una bolsita decente a pagar casi $7 dólares por 100 gramos del mismo producto le produce un enfado a cualquiera.

Pero como te digo, estuve intentando saber el porqué de muchas cosas, intentando controlarme y hasta hice una encuesta a varias personas, les mostraba el árbol de marañón en fotografías para ver si lo podían reconocer.

Me ha pasado que es más fácil hacer esto porque muchas veces solo es el cambio de nombre, pero varios productos se corresponden aquí y allá. Pero no, nadie lograba reconocer ni el fruto ni el árbol ni las pepitas ni el nombre. Nada.

La única conclusión que podía sacar al respecto era que esto era una locura, que mi molestia tenía razón de ser y que cuando llegara a El Salvador me iba a comer un kilo de semillas de marañón nada más para darme el gusto.

Pero sabemos que al final, cuando se me pasa la emoción del momento, soy una persona que intenta analizar las cosas, buscar respuestas, encontrar moralejas, algo tenía que aprender de este choque cultural.

ANACARDIUM OCCIDENTALE

Anacardium Occidentale es el nombre de la especie en la clasificación científica, es decir, cuando hablo del árbol de marañón, me estoy refiriendo a este nombre. Como ya te conté a grandes rasgos lo que yo sé, no me voy a detener aquí (además, podés leer el artículo de Anacardium Occidentale en la Wiki por tu propia cuenta, está en español).

Lo que sí es que voy a explicar 3 puntos importantes sobre esta especie que vienen a dar otra visión sobre lo que yo había experimentado con el marañón.

EL PALO ES ORIGINARIO DE BRASIL, ¿POR QUÉ ENTONCES RECIBE EL NOMBRE DE LA INDIA?

Cuando te conté sobre los productos completos del marañón, te explicaba que pues no necesita grandes cuidados y ni mucha tierra.

Se denomina el origen del marañón en Brasil, entonces, ¿por qué se le llegó a conocer como ‘nuez de la India’? Porque los portugueses llevaron las semillas a la India y 400 años después, Estados Unidos hizo la primera importación de semillas desde la India.

Realmente, esta denominación de nuez de la India no se refiere mucho al origen de la especie, sino al primer lugar donde se ‘explotó’ este producto natural.

Además, teniendo en cuenta que ahora la mayoría de importaciones de semillas y carnes sin cocinar están prohibidas entre algunos países, se vuelve casi imposible explicarle a alguien toda la conexión entre árboles, frutos y semillas que existen del Anacardium Occidentale.

Lo que importa es comerte la semilla y listo. Si hay una razón por la que decidieron llamarlo nuez de la India definitivamente creo que fue la simpleza.

Todos saben lo que es una nuez y todos saben dónde queda la India (o por lo menos intuyen que es un área geográfica), por lo que es más fácil vender una nuez de la India que explicar por más de 5 minutos lo que es un marañón.

Sin embargo, aunque el nombre de comercio es mejor entendido de esta forma, hay un poco de complicaciones puesto que hay otra nuez de la India que se utilizó como adelgazante. De esos adelgazantes rápidos que le gusta a la mayoría de personas, por lo que vale la pena aclararte que no vayás a confundirte de “nueces de la India”.

El leer un poco más sobre un tema que estaba tan allegado a mí, me hizo darme cuenta de 4 enseñanzas importantes. Enseñanzas que solo pude resolver entregando todo lo que sabía, poniendo generosamente mis vivencias en una jarrita imaginaria y permitiéndome llenar con unas nuevas mediante la lectura.

Te preguntarás el porqué de llamarlo enseñanzas que me deja la nuez de la India si en realidad, haberlo llamado marañón es lo que me enseñó tanto.

La respuesta es simple: aunque le llamamos al Anacardium Occidentale marañón en toda Centroamérica y mis vivencias respecto al marañón son mías, son estáticas. Son cosas que aprendí en el pasado y son memorias a las que puedo regresar sin problemas.

Fue el nombre “nuez de la India” el que me hizo avanzar más hacia la lectura y hacia la indagación de mis propios sentimientos respecto a lo que yo ya conocía. Si no hubiera escuchado nunca que le llamaban “nuez de la India” a una semilla con la que yo estaba tan familiarizada, probablemente este post aclaratorio no existiría.

Y para que veás que no es en balde todo, te dejo 4 enseñanzas que me deja la nuez de la India que son aplicables en muchas áreas de la vida.

4 ENSEÑANZAS QUE ME DEJA LA NUEZ DE LA INDIA.

  • 1. Cuenta el trabajo, no la idea. Si tenemos en cuenta que las ideas cuentan como los orígenes de los proyectos, vas a notar que en esta ocasión el origen no fue lo más importante. El origen no es nada más que eso, un punto de partida. Lo más importante es el trabajo. No me he leído la historia de la India y tampoco sé mucho sobre su cultura gastronómica, pero la India tiene algo con las semillas y las especies. Si fue allá dónde lograron explotar la producción de las semillas de marañón/nuez de la India, y si fue la India la que dio a conocer las semillas como producto de exportación para Estados Unidos, entonces es cuando te das cuenta que lo que cuenta es el trabajo duro y no el origen. Así que si no querés que se olviden de vos en tus proyectos o en tus ideas, ponete a trabajar lo suficiente en esas ideas para volverlas realidad. Y es más, si ya conocés a alguien que sea conocido en tu área, así como la India es conocido por semillas y especies, ponete a trabajar igual o más que ellos porque tenés una competencia extraordinaria en tu nicho.
  • 2. Lo exótico vende. Date cuenta que lo exótico vende, si algo lo podés conseguir en tu país, preferís comprarlo en otro país del continente. Si algo lo podés conseguir en el continente, preferís importarlo de otro. Esto es algo cultural, por más que algunos queramos consumir lo nacional, este sentimiento es algo real y es mejor afrontarlo. Quién sabe, probablemente los mejores compradores de tu proyecto, productos o servicios estén en otro país, en otro continente o en otro idioma. ¿Mi consejo? Empezá a dirigirte a más personas que las que están a la par tuya. Buscá siempre cerca pero no te olvidés de los que están lejos. Y si no podés hablar bien otro idioma, no te preocupés, eso cuenta como acento extranjero, es exótico y eso vende (si no me creés, mirá la popularidad de Sofía Vergara en Estados Unidos).
  • 3. Cada población tiene sus costumbres. Si hay una razón por la que decidieron llamar al producto en México nuez de la India definitivamente creo que fue la simpleza. Todos saben lo que es una nuez y todos saben dónde queda la India (o por lo menos intuyen que es un área geográfica), por lo que es más fácil vender una nuez de la India que explicar por más de 5 minutos lo que es un marañón. Esto te da una idea clara del porqué tus productos o servicios tienen que tener un nombre entendible para la mayoría de audiencias a las que le estás hablando. Incluso, puedes manejar distintos nombres para distintas regiones. Lo mejor es que esto te da también el indicio de buscar soluciones simples en otros idiomas, aplicando la misma regla de la simpleza. No vas a poder cambiar las costumbres de las poblaciones enteras, así que si quieres introducir tu producto o servicio nuevos, inténtalo con un nombre básico que las personas ya conozcan.
  • 4. Cuando leés un poquito más, encontrás nuevos rumbos. Cuando sintás que lo sabés todo de un tema pero no sabés explicarte con justa razón, calmate, respira hondo, apartá tus sentimientos del tema y leé un poquito más. Si no sabés todo de un tema, con más razón, leé un poquito más. No te imaginás lo que ese poquito leyendo puede hacer con vos, te puede cambiar totalmente el rumbo de tus pensamientos sobre determinado tema hasta crear una nota totalmente distinta a lo que tenías imaginado decir. Cuando dejás que otros escritos entren en la intimidad de tus conocimientos, podés lograr cosas más geniales de las que tenías pensadas, solo es cuestión de apertura y confianza. Y no tengás temor por lo que estás a punto de leer, no importa si es literatura griega, ensayos científicos, artículos de la Wiki o fábulas, lo importante es que empecés a hacerlo y que hayás elegido vos lo que vas a leer.

Sigue leyendo 50 por Katherine Montero.

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