Cultiva tu talento

Si no sabes qué es lo que te gusta y sientes que no tienes talento, detenete un poco; examina las observaciones que has recibido de personas que realmente admires y probablemente encuentres el talento que tienes, el talento que debes cultivar y compartir con el mundo.

Hace unos días encontré una de las situaciones más divertidas en la Biblia, que se pueden fácilmente adaptar a la situación de la vida diaria.

Si estás pensando que este es un post religioso, vamos mal; si estás pensando que me tomo la Biblia como broma, vamos peor; y si pensás que no entiendo porqué pasaron los dos momentos que te voy a contar, no me conocés. Solamente se me hizo divertido cómo el humano reacciona ante las observaciones o peticiones de otras personas.

En Marcos 1, 44, Jesús acaba de sanar a una persona de lepra. Al parecer, un muy leve porcentaje de leprosos lograba recuperarse, por lo que si lo hacías, tenías ciertas reglas que cumplir: presentarte ante un sacerdote para tu revisión de salud y tu inclusión a la sociedad, hacer una ofrenda por tu purificación, una declaración de recuperación.

Pues bien, le dice Jesús: “pero no le vayás a decir a nadie, vos solo seguí las reglas de la sociedad pero no digás que yo te curé“. Cosa que el hombre no toma en cuenta, va y le cuenta a todo el mundo.

Y luego que, después de todas las cosas que tenían que suceder, Jesús nos dice a nosotros: “oigan, ahí les encargo que prediquen el evangelio, por fa“. Cosa que todos los humanos no tomamos en cuenta, vamos y callamos a todo el mundo en cuanto hablan del evangelio.

Sí, estoy hablando con ejemplos de la Biblia porque es Semana Santa y porque me gusta encontrar situaciones impresionantes en los versículos. Pero lo que quiero contarte es que el humano es contradictorio por naturaleza.

Nunca hace lo que le dicen porque esa situación lo hace verse como “menos” ante la otra persona que da consejos o peticiones. Como si no fuera una situación por su bien, sino para obtener su obediencia y esto lo hace reaccionar al contrario de lo que se espera.

Creo que nadie hace lo que otra persona dice, porque como humanos nos sentimos autosuficientes para encontrar la verdad por nuestra propia cuenta, en lugar de pedir ayuda o de aceptar la ayuda de alguien más.

Estoy en El Salvador. Estoy viviendo en mi casa de siempre. He estado viendo todas mis cosas. De esas cosas, lo que más tengo son hojas escritas por mí, trabajos hechos por mí, cuadernos míos, libros que me pertenecieron, obras y demás. Tengo bastantes cosas, pero lo que más abunda son cosas que tienen que ver con la escritura (o sea, la creación de contenidos).

Podrás pensar que es más que obvio porque fui a la escuela en El Salvador y después fui al bachillerato en El Salvador y después fui a la Universidad en El Salvador, así que es más que lógico que encuentre todas esos papeles en El Salvador. Y mirá, que quizás tengás razón.

Pero esas hojas siguen en mi casa porque yo nunca me sentí capaz de tirarlas. Todas esas cosas significan algo para mí. Las guardé porque fueron mis dieces, mis mejores notas con los profesores o materias que más me costaron, mis trabajos en los que al fin le saqué un “Excelente” a la profesora que “me odiaba”. Todo lo que guardé son mis pequeños logros.

Hace poco revisé algunas carpetas con trabajos y me di cuenta que, en una carpeta especial, guardé todos los trabajos que tenían observaciones. Las guardé porque me dio mucha ilusión que los profesores se tomaran el tiempo de dejarme un mensaje especial para mí, solamente pensado en mí y para la mejora de mí misma; el único requisito para estar en esa carpeta especial fue que tuviera algo más que la pura calificación.

Y mi gran sorpresa fue encontrar que varios tienen relación con la escritura. De hecho, hay uno que explícitamente me aconseja: sigue cultivando tu talento para escribir, me gusta tu estilo personal. Cuando leí esta observación me puse emotiva (esto ocurrió en Navidad).

Años después me doy cuenta que estaba siguiendo un consejo que había recibido mucho antes de darme cuenta que quería escribir.

Seguramente, si hubiera sido más de seguir peticiones y consejos en mi juventud – sí, mis 24 años ya me pesan – habría encontrado más textos y ensayos escritos por mí, habría desarrollado más rápido este amor por escribir y quizás mis posts serían más geniales.

Pero no, el seguir un consejo a uno le pesa demasiado, uno siente que uno es autosuficiente para encontrar su propio camino y que el tiempo es un recurso que tenemos en abundancia.

Aunque me habría gustado haber empezado antes y sentirme capaz de cultivar los talentos que alguien que respeto vio en mí desde hace mucho, la verdad me gusta haber recibido este balde de agua fría de esta forma.

Fue como una cachetadita que necesitaba de la realidad para darme cuenta que, varias veces, los demás están ahí para decirte qué es lo que deberías de cultivar, porque simplemente vos no sos capaz de verlo  y te la pasás autosaboteándote sin querer hacerlo.

Cuando uno no es capaz de encontrarse talentos, es momento de pedir ayuda. Y si uno no quiere pedir ayuda, debe revisar las observaciones pasadas para darse cuenta que uno sí tiene un talento que no ha querido cultivar, que se ha tardado en cultivar y que debería de empezar a cultivarlo pronto.

Mi consejo: no echés en saco roto las observaciones que los mayores te hagan alguna vez, deberías de cultivar esas cosas aunque sea en plan de “a ver qué pasa”.

Sigue leyendo 50 por Katherine Montero .

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