La perfección del primer producto

La perfección del primer producto puede existir según tus términos, pero te tardarías mucho más tiempo en lanzarte cuando la encuentres.

Cuando estás viviendo un Diciembre en casa, lo único que se te ocurre es tomar chocolate caliente y comer postres calientes. También pasar todas las tardes hecha bolita en la cama mientras ves tu serie favorita en turno. Así que en buena parte de Diciembre me la pasé preparando cupcakes en taza hechos en el microondas. Era lo más fácil, lo más rápido y lo que me permitía seguir hecha bolita en la cama por más tiempo. También era porque en la casa no teníamos un horno convencional, hasta el 20 de Diciembre. El 20 llegó a casa una cocina Frigidaire plateada hermosa, con 4 quemadores y el horno.

Mi mamá me había dicho que tenía ganas de empezar a hornear desde hace mucho. Así que como yo tenía indicios de empezar a hornear (por los cupcakes en taza que estuve haciendo ese mes), compró el horno como la invitación oficial para que yo aprendiese a hornear. En Enero mismo empecé a elegir algunas recetas sencillas para aprender e ir comprando los materiales. El día que me pagaron, fui a comprar todos los materiales que necesitaba para hornear una pizza y un pastel.

Mi primera pizza quedó bien, sabía rica y estaba llenísima de ingredientes. Lo único que me falló fue hornearla en una bandeja de metal.

Mi primer pastel quedó bien, sabía rico y se infló bonito. Lo único que me falló fue medirme con la cantidad de mezcla que puse en el recipiente.

Pero mi primer betún (o sea, el frost que le iba a poner al pastel), en ese sí me pelé. Estaba preparándolo y, como le puse mantequilla al pastel y al recipiente para que no se pegara el pastel, pues me quedó solo como media taza para ponerlo en el betún. Me dije a mí misma: Ay, bueno, le pongo margarina, al cabo se ven iguales. Y ojo, no son iguales, ya aprendí mi lección. Si te explicara desde mi experiencia la diferencia entre estas dos, solamente sería capaz de decirte que la mantequilla se mezcla con el sabor y la margarina destaca en la mezcla. Por más que intenté echarle después más crema o azúcar o cosas, fue imposible esconder el sabor de la margarina. Cada vez que probaba el betún, se sentía el sabor de la margarina.

Le conté mi equivocación a mi mamá y le dije que lo mejor era que nos comiéramos el pastel como si fuese un pan, o sea, sin nada de betún porque honestamente no me había quedado bueno. Me dijo que ni me preocupara, que ese pastel era para nosotras dos y que se lo pusiéramos, que con el pastel ni se iba a sentir el sabor de la margarina, que con la temperatura, se iba a mezclar porque eso es lo que sabe hacer bien la margarina. Acepté la recomendación de mi mamá. Le pusimos, nos servimos un pedazo de pastel cada una, ella una taza de café, yo una de leche y proseguimos a degustar.

Sabía rico el pan, pero cuando venía una cucharada con betún, yo solo sentía la margarina y me daba pesar. Oficialmente, te podía decir que no estaba orgullosa de mi primer producto.

Al día siguiente, que me tocaba pasar la tarde con mis sobrinos, no sé porqué razón me quedé solo con Daniela en casa. Pero sí recuerdo que estuvimos hablando y salió el tema del pastel. No le dije nada de que me había quedado mal, a mi gusto, porque acordamos con mi mamá que no lo iba a decir porque solo nos lo íbamos a comer en casa. Así que cuando Daniela me dijo: “tía, yo lo quiero probar”, me preocupé. Te lo digo en verdad. Ni siquiera pude decirle que “ya no había”, porque soy malísima para las mentiras. Creo que cuando escuché eso, abrí los ojos y le dije algo como: “ahm, este, ¿de verdad? ¿estás segura?”. Y ella, como es una niña de 7 años, me dijo: “sí, si quiero pastel”.

Agarré un platito y me fui caminando para mi casa. Iba nerviosísima, estaba a punto de poner en público un producto del que yo no me sentía orgullosa al 100%, no era un producto perfecto según mi medida de la perfección.

Lo bueno que recordé que Daniela es honesta respecto a sus gustos. Un día estaba cocinando en su casa y le puse dos sobres de consomé a una mezcla sin darme cuenta, así que cuando salieron las primeras tortitas estaban saladísimas. Ella las probó y me lo dijo. Así que si probaba el pastel y le parecía que tenía un sabor raro, ella me lo iba a decir sin problemas. Yo ya sabía que ella era honesta cuando come.

Corté un pedazo de pastel y se lo llevé. Lo probó y me dijo: ¡tía, qué rico le quedó el pastel! ¡está bien suavecito y bien dulce! ¡me gusta!

Te mentiría si te dijera que ese comentario no me impresionó, yo estaba impresionadísima.

Al rato llegó Marcelo y Daniela le dijo: Marcelo, yo comí pastel que hizo la tía y vos no. Marcelo se me quedó viendo con cara de “yo también quiero”, así que vine a casa y le corté un pedazo a él también. La misma reacción de Daniela excepto que cuando él se lo terminó, me pidió otro pedazo.

Pero aquí viene lo más extraño, mis dos sobrinos le dicen a su mamá: Mami, mirá, la tía Kathy hizo pastel, probá.

Mi prima lo prueba y me dice: Kathy, por Dios, no sabía que podías hornear. Te quedó buenísimo. El jueves me voy a Guate, ¿creés que me podés hacer uno? Yo te lo pago.

Así, tal cual y luego que llega mi tía, mi prima le da a probar y mi tía me dice: Buénale, ya te podés casar.

Me quedé anonadada, realmente pensé que ese pastel había quedado mal. Sin embargo, me sorprendí bastante cuando lo que yo consideré mi primer pastel malo e imperfecto, mi familia lo consideró como un pastel buenísimo y hasta digno para llevarlo a otro país.

Este día del pastel, aprendí muchas cosas, tanto en la cocina, como en la vida y los negocios. En primera aprendí que la margarina no es igual a la mantequilla, no se deben de combinar y el hecho de que se vean igual, no significa que sepan igual. También aprendí que cuando estés más angustiado, lo mejor es escuchar a tu mamá, cuando estaba a punto de rendirme con lo del betún, fue ella la que me dijo que intentáramos algo y ese algo funcionó. Y por último, aprendí que los primeros productos casi nunca van a ser perfectos de la manera que nosotros pensamos en la perfección, sin embargo, para los demás puede ser algo buenísimo, algo que de verdad sabe rico y algo digno de pedir doble ración.

Y de esta forma hay muchas cosas que siempre esperamos que sean perfectas, estamos esperando el momento perfecto para dar un paso, estamos esperando tener las finanzas perfectas para empezar a invertir, estamos esperando la oportunidad perfecta para decirle algo a ese alguien, estamos esperando tener el tiempo perfecto para abrir nuestra primera empresa, estamos esperando terminar el producto perfecto para empezar a vender pero no es necesario esperar a la perfección para empezar a moverte. Y contrario a lo que creés, las personas casi nunca se van a enojar con vos porque presentaste algo imperfecto, las personas son capaces de ver todo lo bueno por encima de lo malo de tu producto. Muchas veces están tan contentos con lo bueno del producto que ni se percatan de lo malo, ni siquiera sabían que “lo malo” estaba ahí o quizás para ellos eso no era “lo malo”, sino lo que hacía de tu producto algo excepcionalmente bueno.

La perfección del primer producto puede existir según tus términos, pero te tardarías mucho más tiempo en lanzarte cuando la encuentres.

Además, si lanzás algo que es perfecto, obviamente sabés cuál es la respuesta que viene. Pero el ser humano se guía por los sentimientos, si lanzás un producto que según tus términos de perfección no es tan bueno, y la respuesta es tan buena como la que recibí con mi pastel, el sentimiento que llena tu corazón es indescriptible, la sorpresa de esta respuesta es algo que todos deberían de experimentar porque es algo que no te lo imaginás.

Si la respuesta al lanzar algo que no es tan bueno según tu percepción, es justamente una respuesta mala, significa que tenés áreas de oportunidad para mejorar, significa que conocés a tu público más de lo que te imaginás porque ya sabías cuál iba a ser su respuesta y significa que tu producto ya tuvo su primera versión en beta, porque de aquí en adelante, solo queda mejorar esos bugs. 😉

Así como el mito que me desmentí sobre lanzar tus productos hasta que estén perfectos que te acabo de presentar, estoy dispuesta a desmentir varios mitos que te han dicho cuando empiezas a escribir tu blog, reuní las 10 mentiras que te dicen al iniciar un blog y las 10 maneras perfectas de arreglar esta situación en un documento que se llama: “Lo mejor es hacerlo todo al revés” y ya puedes descargarlo en el enlace anterior.

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Filed under: Blog, Family, Food

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Civil Engineering Sophomore. Yogini. Small Product Lab Winner. Author of The Mini-Guide for Writing a Super Complete Post in 20 Minutes. 5x Shotput National Winner (El Salvador). 4x Discus National Winner (El Salvador). Business Administration Junior.