San Ignacio, Chalatenango, El Salvador

Para celebrar mi cumpleaños, mi familia y yo, viajamos a San Ignacio, Chalatenango, El Salvador y disfrutamos de un hermoso paseo por varias lugares importantes de la zona.

San Ignacio es un municipio que queda casi en la frontera con Honduras, en el departamento de Chalatenango. Es conocido por el Cerro el Pital.

Fuimos a San Ignacio porque mi tía y mi prima ya habían disfrutado del paseo que estábamos a punto de vivir. Ellas habían quedado encantadísimas y dijeron que era algo que valía la pena disfrutar varias veces más, aprovechamos que mi cumpleaños cayó en sábado para ir a pasarlo por allá, todos juntos. 🙂

El viaje comenzó a las 6:00am (aunque me tocó levantarme antes de las 5 para estar lista), y terminó hasta poco después de las 6:00pm. Nunca me imaginé que 12 horas rindieran tanto. ❤ ¡Hicimos muchas cosas por allá!

Nos instalamos en Hostal Miramundo. Una casa de campo increíblemente hermosa que tiene flores y árboles alrededor. De no haber sido porque en el parqueo estábamos viendo los carros, te podría jurar que hasta se me había olvidado la ciudad.

Como parte del viaje, el Hostal Miramundo hace unas visitas a lugares importantes de la zona para explotar el ecoturismo en San Ignacio. Entonces, el plan era visitar el río Sumpul, plantaciones de hortalizas, huertos y flores, y por supuesto, comer bastante rico en el hostal.

Si dependiera de mí, podría decirte que las actividades fueron 5 (aunque para el Hostal, oficialmente fueron 3).

Desayuno en el Hostal Miramundo.

Cuando llegamos al Hostal, pasamos inmediatamente al restaurante a desayunar. Nos sirvieron un plato típico salvadoreño lleno de huevo picado, casamiento, plátanos fritos y queso fresco. Para tomar te preguntaban que si querías café o chocolate, y como a mí me encantan las cosas dulces, tomé un chocolate que estaba delicioso. Antes de retirarte los platos, te preguntaron cuál era el plato del almuerzo que se te antojaba más, para que cuándo llegáramos, estuviera listo y calientito esperando a ser devorado en la mesa. Después de esto, nos preparamos para la siguiente actividad.

Paseo hacia el río Sumpul.

Nos trasladamos desde el hostal hacia una finca en San Ignacio. Empezamos a caminar rodeando el cerro para llegar al río Sumpul. No llevábamos ni 100m recorridos cuando empecé a buscar unos palitos para ir caminando, se notaba que el terreno estaba un poco inclinado y quería evitar cualquier tipo de accidentes. Después de unos 15 minutos caminando en medio de árboles, empezamos a escuchar el río, ese sonido como hueco que te avisa que estás pronta a ver el agua. 10 minutos después, llegamos a una puertecita y estábamos enfrente del río Sumpul. Estábamos casi que en el nacimiento del río. Habían un par de rocas muy cerca de ahí.

Cuando llegamos, noté dos cosas: que el río estaba muy por debajo del caudal normal porque estábamos en primavera/verano y que ese era el río que mencionaban en los libros de historia del colegio. Sin embargo, cuando nuestro guía nos empezó a contar cosas sobre el río, me dijo dos cosas interesantes: la parte en la que estábamos en el río, fue más dada al comercio que otra cosa en la época de la guerra, porque al cruzar el río, ya estás en Honduras. Y como está bastante escondido, por los cerros, pues era más fácil hacer esos intercambios.

Lo que mencionaban en los libros de historia, me aclararon que sucedió varios kilómetros más abajo (siguiendo la corriente del río) de dónde estábamos.

La segunda cosa interesante que me dijo fue: sabemos que este es el río Sumpul pero no sabemos qué significa Sumpul, han preguntado a las personas del lugar, gente que habla lenguas nativas y ninguno ha podido decir qué significa Sumpul. Yo voy a meter mi cuchara aquí y diré que suena mucho como Sun-pool (sol-alberca), que como era el nacimiento del río, puede ser que ese sea el origen del nombre, pero no tengo evidencias que apoyen mi teoría, así que si sabés qué significa Sumpul o si tenés alguna noción de qué podría significar, contame tu teoría porque quién quita que tengás razón. 🙂

Nos quedamos poco más de media hora en el lugar, aproveché de tomar algunas fotografías y después me senté para ver el mini-caudal correr. Noté lo mucho que me hacía falta conectarme con mi familia de esta forma, noté lo mucho que me gustó estar ahí, noté lo muchísimo que no conozco a mi país y supe que quería experimentar cosas así más veces y por más tiempo.

Yoga y caballos en el rancho.

Empezamos a caminar para regresarnos a la finca, cuando encontramos unos bancos hechos de madera como 50m antes de llegar oficialmente al rancho. Nos sentamos un ratito ahí y después de mi perspicacia frente al río, me sentí toda zen, con ganas de recordar ese momento por más tiempo, con ganas de conectarme más bonito con el lugar y la experiencia. Así que en lo que las tías descansaban, me puse a hacer un poco de yoga en medio de los árboles, encima de la grama, con mucha neblina y un clima heladito. Fue tan rico hacer eso.

Después, terminamos de subir al rancho y vimos un caballo chocolate hermoso que tuve qué subirme en él. No podía dejar pasar esa oportunidad. ❤ Me fui a dar una vuelta en toda la parte de adelante de la finca con él. Me di cuenta que mi condición física no era la mejor porque mis muslos me dolieron un poco y me hacía falta un poco de equilibrio, pero el paseo en ese caballo no dejó de ser lindo por esas razones, de hecho, me encantó haberme subido en él.

Plantaciones de hortalizas, fresas y flores.

Luego fuimos a lo que yo llamo “el negocio perfecto”. Fuimos a la casa de alguien, casa que tiene un terreno bastante grande, terreno en el que hizo varias plantaciones de hortalizas, fresas y flores, plantaciones que dan frutos, frutos que la gente llega a comprar a su casa. Por un momento, ¿te imaginás qué se ha de sentir estar en tu casa, hacer algo que te guste y que la gente llegue a tu casa y te compre los frutos de tu esfuerzo? ¡Es el negocio perfecto! Bueno, fuimos a las plantaciones y después de admirar lo hermoso que es, de caminar entre todos los sembradíos y después de decirles que me apartaran pan (ah, sí, es que en esa casa también hornearon y antes de que se acabaran los panes, les advertí que me guardaran una bolsa de pan dulce); empezamos a elegir lo que íbamos a comprar. Compramos pan, fresas ❤ , zanahorias, cebollín y espinacas. 😀

Almuerzo en el Hostal Miramundo.

En lo que íbamos al hostal, me iba comiendo las fresas que acababa de comprar, ¡es que estaban demasiado buenas, en verdad! ¡dulces, carnosas, jugosas! Y hubiera sido capaz de acabármelas pero recordé que en el hostal nos esperaba un magnífico plato de comida. Almorzamos carne asada, chorizo, guacamole, chimol, queso fresco y tortilla tostada con un sabrosísimo fresco de mango. Después de terminar todo aquello, yo estaba llenísima, si hubiera estado alguno de mis amigos mexicanos, me habría dicho inmediatamente que yo estaba sufriendo del mal del puerco. Así que conociéndome, me fui a lavar todo lo que tenía que lavarme y me preparé para tomar una siesta justo cuando el sol ya no estaba tan fuerte.

Hamaca equivale a vacación.

En la entrada al hostal, hay unas hamacas. En la parte trasera del hostal, al salir del restaurante, también hay muchas hamacas. La diferencia es que las primeras están bajo techo y las segundas al aire libre. La diferencia también fue que al principio, solo vi las de la entrada, así que ahí me fui a tomar la siesta. Para ponerte un poco en contexto, eran como las 2:30 o 3:00pm, el sol ya no estaba tan fuerte, estábamos a +2000 metros sobre el nivel del mar, rodeada de cerros, árboles y grama, el clima estaba delicioso, era frío.

Me dispuse a descansar y dormirme en una de las hamacas que estaba en la entrada por una buena hora, en otra de las hamacas, descansó mi prima. Las dos caímos rendidas en menos de 10 minutos. Y quizás nos habríamos levantado después de las 5 pero no pudo ser, porque llegó un ganso a graznar lo más fuerte que pudo al pasillo en donde estábamos dormidas y fue por gusto intentar conciliar el sueño que estábamos teniendo. Aún recuerdo cómo nos levantamos después de escuchar al ganso y me da risa.

Puede sonar como la manera más fea de despertarse y probablemente lo sea, pero eso me permitió ver las otras hamacas que estaban atrás del hostal, las que estaban al aire libre. Así que nos pasamos para allá, ya solo a descansar.

El cafecito de las 5.

Mientras estábamos descansando, empezó a salir el personal del restaurante con bandejas llenas de quesadillas recién horneadas y café o chocolate. Las tías pidieron café, las primas pedimos chocolate. Me dispuse a degustar el refrigerio en medio del bosque, mientras estaba todavía en la hamaca, con aquel frío tan rico que nos envolvía. Y de tan bueno que estaba todo aquello, me pregunté, ¿porqué no agrandar esta experiencia? Así que me comí un poco del pan dulce que compré más temprano en los sembradíos, y haber comido algo calientito en medio del bosque frío fue como el éxito rotundo.

Después del refrigerio, el viaje prácticamente está terminado, ya solo queda regresar a casa, solo que nos encontramos algunas ventas en las calles de San Ignacio y pasamos comprando jaleas artesanales y mieles de abeja.

No sé porqué las películas estadounidenses siempre hacen ver que los viajes familiares son tediosos, cuando mis viajes familiares siempre son geniales, divertidos y memorables. Gracias a las Larin por un magnífico cumpleaños, las amo con todo mi corazón y con celebraciones así, no me importaría cumplir años todos los días. ❤

Advertisements