Las luces Campero

Las luces Campero es un evento anual que hace el Pollo Campero en el Estadio Cuscatlán en el que da inicio a la temporada navideña con quema de pólvora y media San Salvador admira las luces mientras la otra mitad se queja de la trabazón que se produce en la Autopista Sur.

Loy recibió una invitación oficial para ir y decidió invitarme para ir con ella (¡soy la más afortunada!), por supuesto que dije que sí.

Aunque el evento como tal es en la noche (LUCES), en realidad todo inicia como a las 4 de la tarde. Y para que inicie a las 4 de la tarde, la entrada de las personas tiene que ser como a las 3. Y para que yo llegue a cualquier lugar a las 3, tengo que salir de mi casa a las 2. Y para que yo salga de mi casa a las 2, tengo que empezar a arreglarme desde la 1. Y desde las 12 si me quiero planchar el pelo. Pero esta vez iba colocha.

Tomé mi ruta de bus favorita con mucho tiempo de antelación porque planeaba ir a dar la vuelta hasta como CIFCO y después caminar desde ahí hacia el Estadio Cuscatlán. #LaMamáDeQueith me dio un atajo y, como iba con tiempo, decidí aventurarme a explorarla.

Me bajé por el Parque Pelota y ahí caminé como si fuese para el Registro Nacional de Personas Naturales y me seguí hasta el fondo. Apenas son como 5 cuadras. Empecé a ver la torre Citi y supe que, al menos, ya había llegado a la Autopista Sur (sobre la autopista queda el estadio).

Pero tuvo que salir mi mente controladora a decirme “aquí vas a salir super arriba, en lugar de salir a la calle y dar esta vuelta, caminá para abajo y te salís en las siguientes cuadras, vas a salir más cerca del estadio y te vas a ahorrar esta cuesta de como 50 metros“. Y ahí me ves que por ahorrarme 50 metros me fui a perder. Porque cuando empecé a caminar para abajo, el camino se va separando de la autopista.

Lo peor de todo es que ni andaba datos como para verme en el mapita (#nomesirveelWiFi) así que me empecé a desesperar. Pero desesperada seguía caminando, a algún lugar tenía que ir a salir.

Empecé a ver casas y más casas y ninguna salida a la autopista. Cuando realmente me preocupé fue cuando pude reconocer una calle, porque la reconocí no porque la conociera de antes, la reconocí porque había pasado por ahí hace 20 minutos. Cuando llegué a ese punto tomé la dirección opuesta a esa calle y al final encontré una escuela.

Justo cuando iba pasando de esa escuela me llamó Loy para saber dónde yo estaba y fui incapaz de decirle en donde. Medio le expliqué lo que acabo de contarte y creo que se preocupó igual que yo. Me seguí platicando con ella como por tres cuadras en lo que intentábamos encontrar una solución y quedamos que, si en 10 minutos yo no encontraba ningún lugar conocido o si no encontraba forma de salir de la autopista, le iba a avisar a un amigo (amigo que no sabíamos que ya estaba en el estadio) que fuese a buscarme.

En cuanto colgué con Loy reconocí una calle y esta vez sí era porque la conocía de antes. Ahí fui por un par de meses porque el Centro Cultural Yamabal (una iniciativa apostólica del Opus Dei en El Salvador) me invitó a realizar un curso en Ciencias Económicas gracias a mi nota de la PAES y mi promedio académico en el Colegio Champagnat.

Cuando vi esa calle me tranquilicé increíblemente porque ya sabía lo que me faltaba para caminar, ya sabía por dónde estaba y ya sabía que existía una salida.

Así que cuando pasaron esos 10 minutos y Loy me llamó otra vez, fui capaz de decirle que ya estaba en el Estadio Cuscatlán y que solo me faltaba encontrarlos.

Loy salió a mi búsqueda y cuando la vi a 50 metros supe que estaba sana y salva. 😀

Para mi sorpresa, las entradas que le dieron a Loy y a mis otros amiguitos tuiteros no eran entradas normales, sino que ¡les habían reservado un espacio VIP para ellos y sus acompañantes! Y algunas otras personas que se ganaron las entradas en concursos de la marca, imagino. Pero lo bonito de esto era que teníamos asientos cada cual y si te parabas al baño, por ejemplo, sabías que al regresar tu asiento iba a estar ahí. Caso contrario de la general, que son las gradas y si te vas, cualquiera se apaña tu asiento y tenés que buscar otro lugar.

Cuando llegamos al espacio este que te cuento, aún era muy temprano. Es decir, faltaban 2 horas para que comenzara el evento y 4 horas para que comenzaran las luces. Si fuera otra ocasión quizás me sentiría irritada porque no tenía datos, no podía dormir y andaba poca pila como para tomar suficientes fotos. Pero en lugar de estresarnos todos, aprovechamos de ponernos al día puesto que varios teníamos meses, sino que años, sin vernos.

Si hubiéramos llegado justo a la hora de las luces, quizás no habríamos tenido tiempo de hablar por estar poniendo atención a las luces.

También tuve la oportunidad de saludar a una de mis vecinas que andaba en el evento. Ella ha trabajado en Pollo Campero desde que tengo memoria y me alegra mucho saber que sigue ahí. Me dijo que los años que estuve en el extranjero, le hizo falta escucharme cantar (porque siempre que me meto a bañarme canto y al parecer canto lo suficientemente fuerte como para que mis vecinos me escuchen), tanto así que cuando escuchó que yo estaba cantando de nuevo, mandó a su hija a revisar mi perfil de Facebook para confirmarle que yo ya estaba en El Salvador. ❤

Estos son esos detalles que te sacan sonrisas de verdad. Una piensa que nada más está cantando una canción porque le gusta pero en realidad estás formando un tipo de convivencia con la gente que te rodea que ni siquiera te das cuenta. Por eso es que digo que me gusta hacer todo lo que me gusta, porque es la única forma de crear buena vibra alrededor.

Terminamos de hablar y me regaló unas barras gigantes de plástico, que tenés que soplarlas y después chocarlas para que hagan ruido en el concierto. Es como aplaudir con barras gigantes y el sonido es como toinc toinc. Algo así. La onda es que hacer chocar esas barras duele menos que aplaudir por 3 horas. 🙂

El evento estaba a punto de iniciar y lo supe porque se llevaron a la mitad de mis amigos a conocer a los artistas que nos entretendrían durante dos horas antes de las luces. Llegaron contándonos cómo les fue y mostrándonos las fotos.

Cuando finalmente vimos a Francisco González y Luciana Sandoval en la tarima, sabíamos que todo había iniciado. Empezaron a hacer dinámicas en el público y nos contaron la historia del Pollito e invitaron a pasar al frente al pollito. Me dio tanta ternura porque el pollito es la mascota del Pollo Campero, pero normalmente anda en sombrero ranchero y camisa blanca, a lo mucho. Tal cual todos andamos de fodongos en nuestra casa. Pero para el evento de las Luces Campero, lo vistieron de smoking y sombrero de copa. ❤ ¡Se veía guapísimo!

No sé cómo pero teníamos que lograr una foto con él.

Después de un rato, inició el concierto y para serte sincera ya ni recuerdo quiénes estuvieron ahí. Solo recuerdo a 3 artistas: uno que llegó a cantar una cumbia, un imitador de artistas mexicanos (que para mi impresión, me pude casi todas las canciones que él llegó a imitar) y los rockeros de Panamá que cantan Oh My commanding wife she wants to destroy my life.

No te voy a decir que no disfruté el concierto porque sería mentirte. En verdad lo disfruté, me reí y canté. Pero mi memoria es tan mala que no recuerdo lo que canté ni quién llegó. Afortunadamente, mis amigos son amantes de la tecnología como yo y graban casi todos los momentos de sus vidas. Y yo soy tan afortunada que a veces me puedo ver en algunos de los momentos de sus vidas que ellos graban. Gabb grabó un vine en el que me veo cantando en el concierto y al ver mis movimientos me doy cuenta que en realidad sí estaba disfrutando ese momento. ❤

(¡Yo soy la del suéter de rayas y el pelo largo!).

Finalmente, llegó el conteo regresivo y lo único que faltaba ver eran las tradicionales luces Campero. Las que logran que un día al año, el movimiento en San Salvador se detenga. Y no te miento, esas podrán ser simples luces en cualquier otro día u otro lugar, pero las luces Campero son un evento especial. Y más cuando las ves tan de cerca. Se sienten distintas.

Empiezan a subir y realmente pensas que esas fiestas pueden ser distintas. Pensás que sobreviviste un año más. Y hasta te sentís esperanzado que podés sobrevivir otro.

Aún no entiendo el porqué de las luces Campero, es decir, el Pollo Campero no necesita publicidad. Al pollo Campero se le conoce aquí y en la China. Sin embargo, sí sé que si no hay luces Campero, algo muy grande se pierde y no solo en términos de mercadeo, sino de alegría en general.

En este punto, el evento oficialmente terminó. Pero la verdad es que no me puedo ir sin contarte las dos cosas que sucedieron después. Y lo hago únicamente por que sé que mi memoria es tan mala que en algunos años no podré recordarlo. Pero quiero hacerlo porque fueron momentos que me sacaron carcajadas.

Algo que se me pasó por alto mencionar arriba fue que, antes de que empezara el concierto, nos regalaron una bolsa con productos promocionales, así como harina, arroz, sodas en lata y cosas varias para completar la canasta básica. Pero también nos regalaron vales para ir a comer al Pollo.

Como el evento terminó relativamente temprano, decidimos ir a cenar Pollo Campero después del evento.

No sé si lo sabes, pero mi amiga Loy colecciona high-fives. Encuentra botargas, se toma una foto con ellas haciendo un high-five y las sube en un álbum. Es un pasatiempo bastante divertido y la verdad que hasta yo disfruto ver las fotos que va subiendo ahí.

Entonces empezamos a salir del estadio y nosotros estábamos en como la segunda planta. A 50 metros logré ver que venía el pollito con smoking y el sombrero de copa. Lo único que pude hacer fue gritar: “¡LOY, AHÍ VIENE EL POLLO, VAMOS POR LA FOTO!”. Y empezamos todos a correr cuesta abajo para alcanzar al pollo porque venía caminando súper rápido y habían muchos carros en esa calle y había tanta gente en las rampas en las que íbamos bajando que pensé que no lo lograríamos, ¡PERO AL MENOS TENÍAMOS QUE INTENTARLO!

Fue tan divertido que lo alcanzamos y todos queríamos salir pero sabíamos que esa idea y ese álbum es de Loy. Así que le dije: ¡DAME TU IPHONE! Y me fui a mi casa y ahora tengo un iPhone, hahahahha, ¡no es cierto!

Le dije que me diera el iPhone y le intenté tomar muchas fotos con el pollito. Pero después de algunos segundos éramos TANTOS haciéndole rueda al pollo que pensamos que si no nos tomábamos una foto grupal, jamás podríamos hacerlo de nuevo.

Así que nos juntamos todos alrededor del pollo y lo peor es que no tengo ni idea de quién tomó la foto porque para esto, yo seguía con el iPhone de Loy en mis manos. Hasta el día de hoy, no sé si alguien de nosotros tiene la foto grupal con el Pollito. Pero de que logramos una foto con él es seguro.

Después de ese momento tan divertido con el Pollito, nos fuimos a comer Pollo Campero de un centro comercial en Santa Elena y pasó otra cosa tan divertida que quizás nadie la encuentre divertida porque soy malísima para contar chistes, pero intentaré contar lo que pasó.

Éramos muchos y teníamos hambre (eran las 8pm, habíamos estado fuera de casa desde las 2 y algunos solo habíamos un comido un sorbete de chorro en esas 6 horas), teníamos vales de Pollo Campero y de por sí, somos un grupo que se la pasa riendo mucho. Se tardaron una buena media hora en conseguirnos mesa por lo mismo que éramos muchos. Y para más fregar, cuando a Adonay le tocó atendernos, se dio cuenta que ni íbamos a pagar, que íbamos a entregar vales.

Obviamente Adonay estaba un poco irritado.

Entonces cenamos y creo que todo estaba bien. Hasta que alguien ha de haber pensado en la mesa algo así “hey, no, hay que comprar algo, compremos aunque sea flan“, y para qué lo dijo, todos empezamos a decir “¡flan, flan, flan!“. Llamamos a Adonay y le dijimos que queríamos flanes. Él se preocupó porque ya era tarde y quizás no habrían tantos. Los fue a contar y después nos dijo que habían algunos, así que varios se decidieron por las tartaletas y otros por flanes.

Estábamos esperando y, como ya no teníamos comida, empezamos a decir “¡flan, flan, flan!“.

Llegó el flan y nos callamos otra vez. Seguimos molestando entre nosotros y riéndonos y pasándola bien hasta que alguien comentó: “¡Hey, ¿y que con el postre no viene café gratis?!“. Dios mío, en serio, no sé por qué lo dijo pero en automático todos queríamos café.

O sea, entendeme, nadie fue por el café, ni siquiera íbamos por el flan, pero al saber que compramos un postre y al recordar que te regalan el café con ese postre, decidimos que siempre sí queríamos un café, también.

Volvimos a llamar a Adonay y antes de que él llegara, todos estábamos diciendo, con la misma tonadita del flan, “¡café, café, café!“. Ya ni recuerdo la cara de Adonay, solo recuerdo la impresión que Gabb hacía de él cuando le pedíamos algo. Básicamente, Adonay nos empezó a poner ojos de pistola antes de que nos fuéramos.

Creo que le caímos tan mal pero tan mal que bromeábamos diciendo que él nos iba a despedir con la misma tonadita del flan y del café diciéndonos “¡fuera, fuera, fuera!“.

Fue una tarde divertidísima y creo que no podré agradecerte lo suficiente por haberme invitado a ir, Loy, en serio, ¡muchísimas gracias por tener el gran gesto de llevarme a ver las Luces Campero! ❤

This slideshow requires JavaScript.

Posted from WordPress for Windows Phone

Advertisements