La noche que vi El Recodo en vivo.

Encontré estas fotos por ahí y me di cuenta que nunca conté sobre la vez que fui a ver El Recodo en vivo.

Ahora sé que fui a eso pero esa vez solo sabía que iba a salir con mis amigos y que iba a haber música.

Habíamos quedado que después del trabajo, nos encontraríamos para viajar juntos a la casa de la familia de mi jefa y de ahí, nos iríamos al lugar del concierto/baile.

Llegamos noche y me da risa recordar que en las calles habían demasiados túmulos. Al siguiente día me contaron que en esa colonia hacían competencias de quién construía el túmulo más grande. Aunque allá les llaman topes, si no mal recuerdo.

Nos fuimos al lugar del evento y noté que era un espacio demasiado abierto, no era un anfiteatro, sino como un terreno baldío que estaba después de una cancha de basquetbol de concreto.

Llegamos al portón del terreno baldío y había un sinfín de comercios, vendían binchas de colores con la información del evento, adornos con luces en colores neón y sombreros, en su mayoría.

Para hacerme sentir en familia, mis amigos me dijeron que me probara los sombreros, querían verme con uno puesto porque estaba en México, a punto de vivir un concierto de música regional mexicana y qué mejor que ambientarme con la vestimenta.

En mis 20 yo casi solo vestía camisetas de algodón. Pero cómo íbamos a un concierto, mi amiga Keritah quería que yo fuese linda y me prestó una de sus blusas. Esta blusa era sin mangas y como yo no estaba acostumbrada al frío, Raúl me prestó su suéter. Luego, Keritah quería que me viera más bonita porque ya casi no me veía con el suéter y me prestó sus argollas plateadas. Aquí estoy probándome un sombrero de $120MXN.

Después, nos movimos al sitio donde estaba toda la gente pero el grupo que estaba tocando, terminó su función como a los 3 minutos. Inmediatamente, se encendió otro escenario y toda la gente se movió. Otro grupo empezó a tocar.

No había forma de saber cuál escenario iba después para irnos a poner al frente. Así que mi jefa nos dijo: quedémonos por aquí atrás, cenemos algo (en los comercios dentro del terreno) y después nos movemos a ver aquel escenario grandote de allá.

Entendí que los grupos que sonaban, aunque sí encendían al público, eran los de calentamiento. El grupo principal venía después. Así que en la cena, de taquitos al pastor y una gringa con queso, mis amigos aprovecharon para explicarme la dinámica de estos conciertos.

Siempre empiezan súper noche y aún así, el grupo que realmente quieres ver, sale a la medianoche. Ese grupo, el más popular, normalmente es carísimo de ir a ver en un concierto exclusivo de ellos, pero como es un concierto de varios grupos, el boleto baja de precio. Lo que hacen estos grupos es salir muy tarde, ya que la mitad de las personas está muy borracha para mantenerse de pie o ya no aguanta el sueño. De esta forma, los grupos se aseguran de cualquier percance por haber bajado sus precios.

Ni me quedó dudas cuando vi que dos tipos se estaban quebrando botellas en la cabeza en medio del público a unos 5 metros al frente de dónde yo estaba. Inmediatamente, las personas les hicieron una circunferencia y unos agentes de seguridad llegaron inmediatamente a sacarlos.

Después, un familiar de uno de esos dos tipos llegó a golpear a alguien que estaba casi a la par mía. Mis amigos me jalaron rápidamente y nos movimos de lugar. Fue una locura presenciar todo aquello, pero fue un alivio saber que esas personas no estarían cuando saliera el grupo que volvía a las personas locas de emoción.

Para que se me pasara el susto, mis amigos decidieron que fuésemos a beber cervezas. Yo ya me he autoimpuesto un límite de dos, porque igual no suelo beber, pero esa noche, después de haber presenciado todo aquello, decidí que lo mejor era solo tomar una lata.

A donde fueres, haz lo que vieres.

Finalmente, estábamos listos para ver al grupo principal, se trataba de El Recodo. Un grupo que mi jefa y su familia amaban con locura. Un grupo que Keritah disfrutaba. Un grupo que Mawrer escuchaba. Un grupo que yo desconocía.

Esa noche tocaron quizás unas 15 canciones, de las cuales, me quedó trabada la que dice: “dime que me quieres, dime que me amas”, y al terminar todo el concierto tuve que ir a buscarla en YouTube para escucharla con detenimiento.

Otra cosa que busqué fue el nombre del que tocaba la trompeta porque lo vi guapo y porque juré que se me quedó viendo en el concierto, jajajaja. Mi jefa me bajó de mi nube diciéndome cómo funcionan los reflectores pero también me ayudó a buscar los datos del tipo que se llama Óscar.

Si algo tiene El Recodo es que saben cómo hacer que todo un grupo se mueva. Yo no me podía ninguna canción en el concierto, pero las bailé todas porque tienen un ritmo pegajoso y que se puede seguir. A lo mucho me quedé con algunos coritos para que cuando volvieran a aparecer a los 30 segundos de la canción, tener algo que decir. Pero más que todo moví mi esqueleto.

Otra cosa que tienen es la producción. Absolutamente todos tienen un vestuario tipo uniforme de 10, el juego de luces que usan es impresionante, el número de personas tocando instrumentos es altísimo. No usan playback ni siquiera para los instrumentos. Lo que se escucha, ese estruendo de trompetas y trombones, están enfrente.

Aunque solo como dos o tres personas cantan y moviéndose en el escenario, todos están bailando de forma coordinada atrás mientras tocan sus instrumentos. Cuidan hasta el más mínimo detalle en sus presentaciones y los vídeos no son diferentes.

Sus vídeos musicales no son la presentación de una canción, son muy telenovelezcos, tienen una historia completa, son como de 7 minutos cada uno.

Quedé tan impresionada que quería tener un pequeño recuerdo de ese concierto, aunque fuera simbólico. Así que me compré un sombrerito negro de $50MXN y una bincha negra con letras aqua, porque no podría ser de otra manera, con el nombre del grupo y la fecha en que los escuché por primera vez.

Advertisements