Las comidas familiares empiezan de la misma forma.

Últimamente, las comidas familiares empiezan de la misma forma.

Nos decimos la frase: “¿Sabés que esta puede ser la última vez que comamos juntos?” y empezamos con la negación y las respuestas del tipo “no digás esas cosas” y demás. Pero, es que aunque estemos de broma y queramos agregarle intensidad a un evento, la verdad es que, en el fondo, lo sé.

En el fondo entiendo que pueda ser la última vez que nos veamos. O la última vez que me recuerdes o la última vez que sepa quién eres. Lo entiendo y me duele entenderlo, porque ya he intentado imaginarme esos escenarios y no logro ver la forma en la que pueda seguir avanzando, viviendo y disfrutando los días si llegasen a pasar.

Al llegar a esta situación, me pierdo imaginando todas las cosas que sentiría, todo lo que lloraría, todo la ansiedad que me invadiría y no puedo evitar que mis ojos se llenen de lágrimas.

Es justo ese momento en el que regreso a dónde estoy, recuerdo que te sigo tomando del brazo y que todavía no hay razón para llenarme de lágrimas.

Luego de tener un momento en el que me pierdo en mis pensamientos de dolor, me doy cuenta que prefiero seguir disfrutando los momentos que estoy a la par tuya.

Porque en el día que suceda cualquier escenario que nos aleje, lo único que me podría ayudar es recordar mis momentos contigo. Y si dejo que los momentos que tengo ahora se pierdan por estar pensando en el dolor, ¿qué me va a quedar, entonces?

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