Judaísmo.

Introducción.

Definición.

La palabra judaísmo tiene varios significados. En sentido amplio, es el sistema cultural, religioso y espiritual relacionado con el pueblo de Israel. Son judíos todos los que se reconocen descendientes de este pueblo, sean cuales sean sus creencias religiosas personales. Pero judaísmo también se emplea para referirse a la religión de los judíos, la cual afirma que Dios (Yahvéh) es único y ha establecido una alianza con el pueblo israelita, escogiéndolo y prometiéndole una tierra (Palestina) y un futuro de salvación.

Creyentes.

Actualmente se calcula que el número de judíos se mueve en torno a los 17 millones. De ellos, más de tres millones residen en Israel. Pero la población más numerosa se encuentra en Estados Unidos, de donde proceden cuatro de cada diez judíos. A continuación se encuentra la antigua Unión Soviética, con números cercanos a los de Israel. En Europa residen más de un millón y medio, localizados entre Francia y Gran Bretaña, sobre todo.

Corrientes actuales.

El judaísmo tal y como aparece hoy nació en el siglo XIX, cuando la actitud ante el mundo moderno provocó la aparición de corrientes opuestas. Tres son hoy mayoritarias:

  1. El reformismo: que suaviza los ritos para atenuar las diferencias con los no-judíos, y moderniza el judaísmo hasta abandonar lo que va en contra de la vida contemporánea. Su objetivo es reconciliar la fe, la cultura y la razón.
  2. La ortodoxia: que respeta escrupulosamente la letra de la Ley. En su vertiente más moderada se impone en Europa y en Israel, pese a que provoca cierto aislamiento del exterior. Tiene sectores integristas sobre todo en Israel.
  3. El hasidismo: que nació en el siglo XVII y fue muy castigado por la persecución nazi. Caracterizado por la piedad extrema, une la observación rigurosa de la ley con el servicio a Dios y al prójimo. Fervorosos y alegres, los hasidim son característicos por su barba rizada y su traje negro. Sobreviven en pequeñas comunidades.

La historia tal como la religión la cuenta.

Para el pueblo judío, su misma religión está unida la decisión de Dios de formarse un pueblo. Y para ello eligió a patriarcas (cabezas de familia en sentido amplio) y líderes.

Abraham es el primer patriarca. En torno al 2500 a.C. salió de la ciudad de Ur. Por orden de Yehovah, se dirigió a la región de Canaán, con la promesa de heredarla y de tener una gran descendencia. Sin embargo, él tuvo solamente un hijo, Isaac.

Jacob fue uno de los dos nietos de Abraham. Tras un encuentro con Yehovah recibió el nombre de Israel. Y tuvo doce hijos, con los cuales se estableció, al final de su vicia, en Egipto, tras una gran hambruna en Canaán. Con el tiempo las familias de sus hijos dieron lugar a las doce tribus de Israel.

Sin embargo, estas tribus eran esclavas de los egipcios. Entonces, Yehovah escogió a Moisés. Este se enfrentó con el faraón y logró que el pueblo israelita saliese de Egipto y atravesara el Mar Rojo, que se abrió para dejar pasar a los israelitas y se cerró ahogando a sus perseguidores, los egipcios. A continuación, los israelitas viajaron por el desierto durante cuarenta años. Durante este viaje, el mismo Yehovah estableció una alianza con ellos, tal y como queda recogida en los libros del Éxodo y del Deutoronomio, comprometiéndose a ser su dios, y ellos sus elegidos en el mundo, si guardaban sus mandamientos, tal y como Moisés los había recogido.

Finalmente, los israelitas se establecieron en Canaán, con la ayuda de Yehovah, y allí comenzó la andadura del pueblo judío.

La historia confirma.

Esta tradición no desentona con lo que sabemos de la época: pudo haber grupos semitas esclavizados en Egipto, y es posible que algunos se escaparan. Buena parte del pueblo de Israel fue durante bastante tiempo nómada en el desierto, y después se estableció en las montañas de Canaán para conquistar finalmente el país. Lo que los historiadores aventuran es que probablemente la historia que recoge la Biblia corresponde solamente a una parte del pueblo, que recibió después a otros grupos que se añadieron a él.

Libros sagrados.

La Torah, o enseñanza divina, es una palabra que se utiliza tanto para designar toda la escritura judía como los cinco libros más importantes de esa escritura. En realidad la Biblia hebrea está dividida en tres partes: la Torah (Ley), los Nevi’im (Profetas) y los Ketuvim (Escritos).

  1. Los libros de la Torah son cinco y se centran en la alianza de Yehovah con el pueblo. En ellos se contiene el decálogo y las enseñanzas fundamentales para la vida.
  2. Los libros de los Nevi’im son veintiuno, y siguen la evolución de la alianza desde que el pueblo entró en Canaán hasta la deportación en Babilonia.
  3. Los Ketuvim son trece, y recogen escritos diversos, entre ellas la historia del pueblo durante el período persa, o las oraciones y salmos, por ejemplo.

La colección de libros sagrados estuvo abierta más o menos hasta finales del siglo I. Hasta entonces, de algunos libros circulaban varias versiones, y no había acuerdo sobre qué libros podían considerarse sagrados y cuáles no. Las enseñanzas posteriores a esos años están recogidas en el Talmud, escrito en torno al siglo VI. También este se considera sagrado, aunque subordinado a los anteriores.

Todos estos libros fueron escritos en hebreo, y en esa lengua se proclaman actualmente. La tradición judía asocia personajes importantes de su fe con determinados libros. Por ejemplo, Moisés sería el autor de la Torah, y los distintos profetas, de los Nevi’im. Hoy, sin embargo, se acepta que los autores materiales del texto pudieron ser otras personas y que el texto fue perfeccionándose poco a poco. De hecho, los primeros textos bíblicos datan del siglo XI a.C. y los últimos del siglo II a.C.

¿Cómo se entiende a Dios?

El judaísmo habla de Dios como de “Yahveh”. Exactamente no sabemos cómo se pronuncia, pues las vocales no aparecen en la Biblia. La expresión significa “Yo soy el que soy”. O, más exactamente, “yo soy el que actúo”, “yo soy el que estará con ustedes”. Es una forma de referirse a Dios que evita la definición directa y remite a la actuación divina. Los judios hablan de Dios hablando de sus obras. Desde aquí, afirman que:

  • Es enteramente distinto de los hombres. No se parece a nada de lo que existe. Por eso no se pueden hacer imágenes suyas. El hombre no puede verle cara a cara o moriría.
  • Es uno. Solo uno. No comparte su divinidad con nadie.
  • Es creador. Todo existe porque él así lo dispuso y lo ordenó. Pero se preocupa por las cosas que existen y sigue actuando en la creación.
  • Es el autor de la vida. Otorga a los que le escuchan fecundidad y prosperidad. Los que le buscan “viven para siempre”.
  • Se revela progresivamente. Es un Dios que habla. Esto significa que el hombre puede dialogar con él. Y que él establece un diálogo con los hombres.
  • Es un Dios justo y fiel. El diálogo que establece Dios con los hombres es un diálogo de justicia. Ama el derecho. Y pide a los hombres que practiquen su misma justicia para con sus semejantes.
  • Es un Dios liberador. Se compromete activamente para que los suyos puedan gozar de la justicia que Él les ofrece. Y por tanto, busca que superen todas las situaciones de esclavitud que se dan en medio de ellos. Así, al actuar en favor de los suyos establece una alianza con ellos. Yahveh obra en favor de los abatidos para su liberación.

Tiempo y fiestas.

Para los judíos estamos en el año 5778 desde la creación del universo por Yehovah. O mejor dicho, desde la aparición de Adam sobre la tierra. Cada uno de sus años se divide en 12 meses lunares, que se denominan Nissan, Iyar, Sivan, Tammuz, Av, Elul, Tishri, Heshvan, Kislev, Tevet, Shvat y Adar. Algunos meses son de 30 días y otros de 29. De este modo, hay 354 días en un año. Como algunas fiestas tienen que coincidir con las estaciones, hay que añadir otro mes, que se llama Adar Bet y se incluye siete veces cada diecinueve años. Además, hay fiestas y días que no pueden coincidir. Por todo ello, cada año tiene un número de días variable (354, 355, 356, 384, 385 o 386 días), que hace recurrir al calendario impreso, elaborado por los sabios.

Los días se cuentan desde que el sol se va. Por eso, en un día civil, caen dos días judíos. Una semana tiene siete días y el primero es el domingo, conocido como risión. Los otros se llaman sheini, shlishi, revi, jamishi, shishi y shabbat.

Fiestas.

Además del Shabbat semanal, hay cinco días grandes. Dos de ellos se llaman Yamin Noraim (Días de penitencia) y los otros tres Shalosh regalim (Fiestas de la Peregrinación).

  • Días de penitencia.
    • Rosh Hashana: Aniversario de la creación. Es el comienzo del año judío.
    • Yom Kippur: Día del perdón. Recuerda o predice el Final de los Días y la misericordia divina. Diez días después del anterior.
  • Fiestas de la peregrinación.
    • Pesaj: Pascua, que conmemora la liberación de la esclavitud de Egipto. La fiesta principal.
    • Shavuot: 50 días después de la Pascua se recuerda la Torah que Moisés recibió en el Sinaí.
    • Sucot: Fiesta de las tiendas o los tabernáculos. Recuerda el tiempo en el desierto y la protección de Yehovah.

Templo y oración.

Templo para los judíos solo hay uno: el que el rey Salomón construyó en Jerusalén, que acogía en él los distintos símbolos de la Alianza de Dios. Este era el lugar concreto de comunicación entre el pueblo y Yehovah, y toda la vida transcurría en torno a él. Fue destruido en el año 515 a.C. en la invasión babilónica, y reconstruido poco después de forma más modesta. El rey Herodes, en el siglo I a.C. lo amplió y embelleció, pero en el año 70 fue destruido definitivamente por los romanos. Hoy solo se conserva un muro del mismo, conocido como “Muro de las lamentaciones”, y es todo un símbolo para los judíos, que esperan el día en que el Templo sea reconstruido y se convierta en “casa de oración para todas las naciones”.

Tras la destrucción del templo cobraron gran importancia las sinagogas, lugares de culto y oración para los fieles que a su vez ejercen de centros de la comunidad. Se estructuran en torno a un estrado o bemah donde están las lecturas y las oraciones. Otro lugar importante es un armario orientado normalmente a oriente: el arca de la Torah, donde se guarda la misma, flanqueada por dos candelabros de siete brazos (menorah) que simbolizan la creación. Por lo demás, suelen carecer de ornamentación, salvo quizás, versículos de la ley artísticamente grabados.

Finalmente, la oración es un acto de adhesión a Yehovah y a su Torah, reconociendo la presencia de ambos en el pueblo. Se realiza en comunidad, con la cabeza cubierta, como símbolo de respeto, aunque sea con un pequeño gorro o kippah, y en torno a la Torah. Hay una oración comunitaria tres veces al día: por la mañana (saharit, celebrando la salida de las tinieblas y del desierto), al mediodía (mina, dando gracias a Yehovah) y al atardecer (arbit, que hace entrar en la paz nocturna). Al mismo tiempo, el día del shabbath se celebra con una cena especial (el viernes por la noche).

La moral del creyente.

Para los judíos la norma de vida está contenida en la Torah. Concretamente, en un texto que supone la síntesis de todos sus mandamientos: el decálogo. Este está presente tanto en el libro del Éxodo como en el Deuteronomio, aunque no presenta exactamente la misma forma en ambos lugares, y podría resumirse así:

  1. No tendrás más dios que Yahveh.
  2. No harás para ti imágenes talladas.
  3. No tomarás en falso el nombre de Yahveh.
  4. Acuérdate del día del sábado para santificar.
  5. Honra a tu padre y a tu madre.
  6. No matarás.
  7. No cometerás adulterio.
  8. No robarás.
  9. No testificarás falso testimonio contra tu prójimo.
  10. No desearás la casa ni la mujer de tu prójimo, ni su sierva ni su buey ni su asno ni cosa alguna de las que pertenecen a tu prójimo.

Estos mandatos se resumen, para los judíos, en dos principios: “Dios es Uno y Único. Ama a Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con todo lo que poseas” Deuteronomio 6 y “Ama a tu prójimo como a ti mismo” Levítico 19. De otro modo: “Confía en Dios y haz el bien” Salmo 37.

Para poder cumplir verdaderamente estos principios, la misma Torah contempla una concreción en múltiples mandamientos: 613. A su vez, los sabios y rabinos han ido desarrollando, explicando y actualizando estos mandamientos de acuerdo con la comprensión de los mismos y la evolución de los tiempos. Estas codificaciones se refieren tanto a la práctica de la oración como a las relaciones entre ellos mismos y los demás. El estudio de la Torah y de sus concreciones (el Talmud, que recoge la Misná o enseñanza sobre la ley) es fundamental para llevar una vida moral digna. Con todo, son distintos los grupos judíos en la interpretación de la Ley, y este es uno de los aspectos más difíciles de generalizar entre ellos.

Más allá de la muerte.

Es importante comprender que el judaísmo dice muy pocas cosas acerca de la muerte. Hay algunos principios dentro de los cuales se mueven muchas posiciones. Y generalizar es difícil. En general, podemos decir que para los judíos la vida tiene un sentido pleno a cada instante, sin que haya que remitirla a un futuro posterior para darle todo su valor. De hecho, cualquier cosa que aparte del esfuerzo por labrarse esta vida se considera perjudicial. Se trata de vivir amando a Yehovah, escuchándole y siéndole fiel en la Torah y en aquello que Él encomienda. Que es distinto para cada uno pero lleva a la felicidad.

Esta vida no acaba en la muerte. El hombre, según el Génesis, tiene dentro de sí el aliento de Yehovah, que no puede extinguirse y acabará por retornar a Él. ¿Cómo? Aquí es donde más se diferencian unos judíos de otros. La creencia más extendida afirma que los creyentes disfrutarán de Yehovah y de su presencia en un lugar al que llaman Olam HaBa (Mundo Venidero) en el que todos estarán juntos. Esa unión con Yehovah no tiene por qué ser necesariamente corpórea aunque podría serlo.

En todo caso, el Olam HaBa no es un mundo posterior al actual. Este mundo, tal y como lo conocemos, no tendrá final, aunque sí tiene un destino: quedar totalmente consagrado a Yehovah y gobernado por un descendiente de David.

Asimismo, el Olam HaBa es un destino común a todos los hombres, independientemente de su religión o su comportamiento en la vida. Todos tienen el aliento de Yehovah. Lo que será distinto, dentro de él, es el grado de gozo y no por decisión divina, sino por la propia capacitación personal. En función de lo fiel que haya sido cada uno a lo que Yehovah le pidió (y no en función de su religión) será más o menos feliz.

Una frase de los Sabios puede explicar un poco este modo de ver: “Los justos aún después de su muerte son llamados vivos y los impíos aun en vida son llamados muertos”.

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