Cristianismo.

Introducción.

Definición.

Podemos definir el cristianismo como la religión de los que creen que Jesucristo es hijo de Dios, muerto y resucitado, que vino a anunciar a los hombres la buena noticia de su salvación.

Creyentes.

En la actualidad, los cristianos son cerca de 1800 millones, extendidos por todo el planeta. Sus núcleos más importantes se encuentran en Europa y América, donde más del 90% de la población se considera sociológicamente cristiana. Hay más de cuatrocientos millones de cristianos en Europa, cuatrocientos veinte en América del Sur y doscientos treinta en América del Norte. En Oceanía también constituyen el 85% de la población, con veintidós millones. En África constituyen un 40% de la población, con unos trescientos cincuenta millones. Y en Asia son claramente minoritarios, con cerca de trescientos millones, lo cual no alcanza ni al 10% de la población.

Corrientes actuales.

El cristianismo se mantuvo, a grandes rasgos, como un bloque compacto en el primer milenio de nuestra era. Pero desde el siglo XI comenzó una división que ha ido en aumento. Tres son las corrientes fundamentales:

  1. Catolicismo: Es la corriente mayoritaria, con cerca del 55% de los fieles. Por continentes, dominan en América del Sur y Europa. Reconocen la primacía del Obispo de Roma y aceptan una interpretación común de la Biblia y las tradiciones cristianas.
  2. Ortodoxia: En total son un 9% de los fieles. Es la corriente mayoritaria en los países de tradición griega y eslava (sobre todo la antigua Unión Soviética). Aceptan una interpretación común de la Biblia y las tradiciones cristianas pero no reconocen la autoridad del Obispo de Roma sobre los demás obispos. Se separaron de los católicos en el siglo XI.
  3. Protestantismo: Mayoritarios en África, América del Norte y Oceanía. No constituyen un único movimiento, sino una multitud de ellos que por una razón u otra se han apartado de la interpretación católica. No reconocen la autoridad del Obispo de Roma y, en general, no admiten una interpretación común de la Biblia y las tradiciones. Abarcan un arco inmenso de posturas, desde las más integristas hasta las más avanzadas. Especialmente importantes son los reformistas luteranos y los anglicanos.

La historia tal como la religión la cuenta.

Los evangelios cuentan que Jesús de Nazaret nació de una virgen israelita, María, en la aldea de Belén de Judá. La fecha oscila en torno al año 5 a.C. (paradojas de la cronología). El marido de su madre se llamaba José. De su infancia sabemos solo que transcurrió en Nazaret, en Galilea.

En torno a los treinta años, Jesús recibe el bautismo de manos de Juan Bautista, un predicador judío que anunciaba la inminente llegada de Dios al pueblo de Israel. Después comienza su propia predicación, anunciando la conversión y la llegada del amor de Dios a los hombres. Pronto se le une un grupo de discípulos que le sigue en peregrinación ambulante por las ciudades de Galilea. De ellos, Jesús escogió a Doce, que se convirtieron en sus más cercanos colaboradores y en los futuros continuadores de su obra. Así pasó unos tres años de su vida, enseñando a la gente por toda Palestina.

El anuncio del perdón de los pecado y de una ley y un culto basados ante todo en el corazón del hombre resultaron incómodos e intolerables para la fe judía. Jesús es apresado y entregado a los romanos bajo acusación de ser un revolucionario político. Muere crucificado en Jerusalén, como un malhechor.

Sin embargo, a los tres días de su muerte, se presentó a sus discípulos vivo y resucitado, encargándoles continuar con el anuncio del Reino de Dios y prometiéndoles el envío de su Espíritu. Esta promesa se ve cumplida en la fiesta judía de Pentecostés. En ella, los Doce experimentan una presencia de Dios tan fuerte que se lanzan a predicar el mensaje de Jesús por todo el mundo y dar lugar a la Iglesia, la comunidad de seguidores del Resucitado.

La historia confirma.

Hoy nadie duda de la existencia real de Jesús de Nazaret ni tampoco de su muerte en la cruz. Otros datos sobre él tienen gran certeza histórica: el nombre de su madre, de su padre, su lugar de procedencia, su predicación itinerante, sus signos y curaciones prodigiosas… del resto de los datos, los historiadores no afirman ni niegan pero no hay contradicción entre los datos históricos y las afirmaciones de fe.

Libros Sagrados.

La Biblia cristiana se divide en dos partes: el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento contiene los libros sagrados de los hebreos y su selección se dio antes de que la Biblia hebrea quedara definitivamente fijada. De hecho, recoge siete libros que los hebreos excluyeron de su lista sagrada. Algunas iglesias protestantes no admiten estos libros.

El Nuevo Testamento contiene veintisiete escritos diversos: cuatro evangelios (buena noticia), que contienen textos sobre la vida y el mensaje de Jesús; el libro de los Hechos de los apóstoles, que cuenta el nacer de la primera Iglesia; diversas epístolas o cartas, surgidas de la correspondencia entre las primeras comunidades y sus evangelizadores; y el apocalipsis (revelación), que habla de la victoria de Cristo al final de los tiempos.

Los cristianos consideran ambas partes como Palabra de Dios, sin embargo no les dan la misma importancia. Para ellos, el Antiguo Testamento es de alguna manera introductor del Nuevo y debe ser leído a la luz de este. Y dentro del Nuevo Testamento, los evangelios gozan de consideración especial, por el papel esencial de Cristo en la fe.

La redacción de los libros del Nuevo Testamento fue relativamente rápida. A mediados del siglo II ya estaban terminados y, a partir del siglo IV se generalizó el acuerdo sobre qué libros se consideraban sagrados. Todos han llegado escritos en griego, la lengua vulgar de la época. Pronto se tradujeron al latín, y durante mucho tiempo esta fue su lengua oficial, pero actualmente cada cual lee la Biblia en su propia lengua. Durante mucho tiempo se pensaba que el Nuevo Testamento había sido escrito por los apóstoles o colaboradores suyos (y con esa idea recibieron su nombre). Hoy se acepta sin problemas que estos libros sufrieron un proceso de redacción.

¿Cómo se entiende a Dios?

El Cristianismo se refiere simplemente a “Dios”. Explícitamente afirma que es el mismo Dios del judaísmo. Pero que se ha revelado en una persona: Jesús de Nazaret, que es Dios mismo habitando en la humanidad. Como los judíos, los cristianos hablan de Dios por su actuación pero, en esta ocasión, su actuación se concreta en una persona: Jesús, su existencia y, sobretodo, su muerte y resurrección. Desde aquí, Dios:

  • Es a la vez totalmente distinto a los hombres y totalmente accesible a ellos, pues se ha hecho hombre para entrar en relación con los seres humanos.
  • Es uno pero a la vez es tres personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Esta aparente contradicción nos habla de que Dios es relación en lo más íntimo de su ser y, por tanto, su intimidad está abierta a los hombres.
  • Es creador. Todo existe porque él así lo dispuso y lo ordenó, y la creación refleja su mimo ser. Pero se preocupa por las cosas que existen y sigue actuando.
  • Es el autor de la vida. Por Jesús Resucitado llama a todos los hombres a “vivir para siempre” con el don de su Espíritu.
  • Se ha revelado totalmente en Jesús Resucitado. Y continúa el diálogo con los hombres a través del Espíritu de su Hijo presente en su Iglesia (comunidad de creyentes).
  • Es un Dios Padre. El diálogo que establece Dios con los hombres es un diálogo de amor. Ama a los hombres ante todo. Y les ofrece gratuitamente su amor incondicional para que sean felices amando.
  • Es un Dios salvador. Ha actuado en Jesús y sigue actuando para que los hombres esperen todo aquello que les hace esclavos y les impide la felicidad. Así, al actuar en favor de los suyos, establece una alianza con ellos. Dios se hace uno de los abatidos para lograr su salvación.

Tiempo y fiestas.

La medida del tiempo.

Los cristianos cuentan el tiempo desde el nacimiento de Cristo, aunque hoy se reconoce un pequeño desfase de unos seis años arriba o abajo. Actualmente, estamos en el año 2018 después de Cristo. El año cristiano es el año solar que conocemos, sin que tenga un significado específicamente religioso. Sin embargo, paralelamente a la división del año en meses, existe una división en tiempos litúrgicos, que marcan el ritmo de la oración comunitaria y que tienen su propia duración. Estos son Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Tiempo ordinario.

Por su parte, los días se agrupan en semanas, de las cuales el primer día es el domingo, que señala el tono y la celebración de toda la semana. Los demás días se llamarían “feria primera”, “feria segunda”, etc., hasta el “sábado”. Sin embargo, hoy se usan más los nombres “paganos”: lunes, martes, etc. El día se cuenta normalmente desde las doce de la medianoche. Sin embargo, los domingos y los días más importantes son más largos, y arrancan desde la puesta del sol del día anterior, por influencia judía. Así, el domingo cristiano empieza verdaderamente sobre las seis de la tarde del sábado civil. Muchos cristianos lo desconocen.

Fiestas.

Además del domingo, existen dos fiestas fundamentales. Cada una de ellas enmarcada en un tiempo de preparación y un tiempo de celebración.

  • La Navidad. Se celebra el misterio de Dios hecho hombre. Tiene dos días fundamentales: el 25 de diciembre (Nacimiento de Jesús) y el 6 de enero (Manifestación pública de Jesús). Viene enmarcada por un período de cuatro semanas de preparación, que se denominan Adviento y marcan el comienzo del año litúrgico.
  • La Pascua. La Muerte y Resurrección de Jesús. El domingo inmediatamente posterior a la primera luna llena después del comienzo de la primavera. Viene enmarcada por cuarenta días de preparación (sin contar los domingos) que se denominan cuaresma y cincuenta días de celebración que se denominan pascua y que terminan el domingo de Pentecostés.

Templo y oración.

En sus comienzos, el cristianismo llamaba la atención por carecer de lugares específicos de oración. De hecho, las reuniones eran en casas. Pero con el tiempo, el tamaño de las comunidades y los cambios sociales dieron lugar al nacimiento de templos que, por tanto, no se consideran “lugares sagrados” sino “lugares de oración comunitaria”. Comúnmente se les llama “iglesias” por ser el lugar de reunión de la iglesia (asamblea). Por eso, un templo cristiano es un lugar muy adecuado para el arte que se dedica a Dios y expresa realidades de la fe. Hay diversos tipos de templo según a la comunidad a la que sirvan. Por ejemplo, el templo de una comunidad local en el sentido amplio (diócesis) es la catedral y, el de una comunidad en un sentido más reducido, la parroquia.

En todo caso, en cada uno suele haber tres lugares más o menos definidos (según la época de construcción del templo): la sede o lugar desde el que predica al pueblo el presidente de la comunidad, el ambos o lugar destinado a la Palabra (la Biblia) y el altar o mesa de la eucaristía. También son importantes la pila bautismal donde reciben los fieles el bautismo y el sagrario donde se guardan los rozos sobrantes de la Eucaristía (cena de acción de gracias). Este último es un referente para la oración personal dentro del templo.

Para un cristiano, la oración es el momento de comunicación, personal o comunitaria, con el Dios Padre de Jesús. No hay una postura especial, y la comunidad ora de pie, de rodillas o sentada. La oración oficial de los cristianos es la Liturgia de las Horas, que divide el tiempo en siete momentos de oración, generalmente comunitaria: laudes (mañana), tercia, sexta y nona (períodos de tres horas entre las 9:00 y las 18:00), vísperas (atardecer), completas (fin del día) y oficio de lectura (sin un momento determinado del día pero tradicionalmente al amanecer). Pocos cristianos celebran todos pero los más importantes, que son laudes y vísperas, están más extendidos.

Los textos más importantes son bíblicos y dan especial importancia a los salmos y al Padre Nuestro, la oración que enseñó el mismo Jesús.

Por otra parte, los cristianos se reúnen el domingo para celebrar la Eucaristía que es el centro de su vida comunitaria.

La moral del creyente.

La moral cristiana nació claramente de la moral judía y está íntimamente relacionada con ella. El mismo Jesús presentó su predicación como una interpretación de la religión judía y, también, resumió la ley del creyente en dos mandamientos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Con todo, la mejor formulación de la vida moral está en el Evangelio de San Juan, en boca de Jesús: “Ámense los unos a los otros como yo les he amado” (Jn 13, 34).

Así se podría decir que los cristianos consideran que la única ley es el amor, un amor que da la vida por los demás, como hizo Jesús. Y que todo intento de legislación debe someterse a esta ley.

En la práctica, sin embargo, el decálogo judío (aunque algo modificado) goza de gran autoridad entre los cristianos. Si bien es verdad que no se ha absolutidad, resulta imposible hablar de la vida moral sin recurrir a él. La formulación sería la siguiente:

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás adulterio.
  7. No robarás.
  8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos.

A lo largo de la historia se ha dado también la tendencia a expresar estos mandamientos en otros muchos pero, junto a esa tendencia, aparece la contraria, esto es, a volver a la ley fundamental del amor sin necesidad de más explicaciones. Las distintas confesiones cristianas y la historia oscilan entre ambos polos sin que ninguna de las tendencias acabe de imponerse a la otra.

Más allá de la muerte.

La fe cristiana arranca de Cristo resucitado, vencedor de la muerte. De ahí que este tema sí tiene gran peso en su forma de entender la fe y la vida.

Así, no se cuestiona que hay una vida tras la muerte. El mismo Cristo lo ha mostrado al resucitar. Igual que Dios compartió el destino humano de la muerte, el hombre compartirá su ser Vida. También, por eso se afirma la “resurrección”, esto es, que en la nueva vida habrá un “cuerpo”, aunque no se precisa bien cómo será, porque se habla de un “cuerpo transformado” (cuerpo glorioso).

Esa Resurrección está unida a la plenitud del reino de Dios, esto es, al momento en que el mundo llegue a ser definitivamente como Dios quiere: un lugar de amor, libre de dolor y del mal. Este momento, por el que hay que trabajar, será el de la vuelta de Cristo al mundo y el de la nueva vida, feliz, para todos los que la hayan aceptado.

Porque la resurrección y la entrada en el Reino son ofertas de Dios a cada hombre y cada mujer que, sin embargo, estos pueden rechazar. Se rechaza el Reino cuando la vida y el corazón no están de acuerdo con la propuesta de amor de Dios. De ahí que los cristianos hayan usado la figura del juicio para indicar el momento en que uno llega a la presencia de Dios con el corazón que se ha ido formando a lo largo de la vida. Si ha amado, será capaz de recibir el don de Dios, el amor eterno. Si no ha amado, él mismo es incapaz de recibir ese regalo.

En el primer caso, tradicionalmente se hablaba de cielo y en el segundo de infierno. No obstante, es importante comprender que, para los cristianos, las posibilidades de una cosa o de la otra no son las mismas. Dios está empeñado en que su amor llegue al hombre. De hecho, cada cristiano ha recibido el Espíritu de Cristo Resucitado, y este espíritu transforma al creyente hasta llegar a ser como Él. Por eso los cristianos afirman que están salvados, porque han recibido el regalo de la victoria sobre la muerte y el mal.

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Filed under: Estudio, Investigation

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PIITster. Diploma in Economics and Business. 6th best Discus Thrower in Central America. 5x Discus National Winner (El Salvador). Civil Engineering Sophomore. Yogini. Small Product Lab Winner. Author of The Mini-Guide for Writing a Super Complete Post in 20 Minutes. 5x Shotput National Winner (El Salvador). Business Management Junior.