Viaje a Guatemala con la Selección Mayor de Atletismo de El Salvador.

Una de las cosas que pensé que nunca volvería a vivir es ser seleccionada de atletismo para representar a mi país en un campeonato, pero gracias a Dios que ha sucedido otra vez. 🙂

Como parte de la preparación mental para el Centroamericano Mayor y también para ayudar al hecho de que han habido poquísimas competencias para mayores este año, la federación nacional de atletismo nos envía a Guatemala a competir con ellos en el campeonato nacional. Nos vamos a foguear de manera amistosa y también, nos vamos a compenetrar más como selección.

Creo que mi parte favorita de esto es que, como vamos a un país que queda a la par nuestra, el viaje sale al mediodía. ❤

Mil gracias a:

  • Roger Manzur, mi primer entrenador de atletismo y encargado de armar las selecciones por la gran oportunidad.
  • Juan Enrique Galdámez, mi actual entrenador de atletismo, que ha hecho un increíble trabajo estos años para lograr mejorar mi condición física y técnica en lanzamientos.
  • #lamamádeQueith, porque su apoyo a todos mis proyectos es incondicional. ❤
  • Dios, porque siempre me pone a las mejores personas en el camino.

¡A ver cómo me va en Guatemala! 🙂

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Por primera vez viajo con una compañera de equipo en selección. Me voy con Mamu a Guatemala. 🙂

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Este viaje me hace mucha ilusión porque solo viajamos mayores de edad. Normalmente, en las selecciones mayores meten juveniles y hasta infantiles, pero como en el año no ha habido suficientes competencias para los mayores, solo los mayores viajamos a Guatemala.

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Encontramos un doggo en la frontera. ❤

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Las Perlitas nos patrocinan. 🙂

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Nos estamos hospedando en Hotel Sevilla, Ciudad de Guatemala, Guatemala.

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Esperando la hora para irnos a cenar. 🙂

 

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Así se ve un kilo.

Me acostumbré a medir las masas en kilos desde mis 14 años. Mi entrenador de atletismo nos dejó una temporada completa entrenando levantamiento de pesas olímpico y, a medida nos íbamos poniendo más fuertes, íbamos compitiendo en levantamiento de pesas. 

Los discos que se le ponen a las barras olímpicas están distinguidos por un código de colores y cada color representa un número de kilos. 

También, al momento de clasificar a los competidores, lo hacen por categorías de edad y masa corporal. Yo competía en la de 75kg. 🙂 

El punto que, en un ambiente en el que me movía todos los días hablando en kilos, se me hizo más fácil acostumbrarme a pensar en kilogramos y no en libras, como es lo más usado en mi país. 

También me aprendí el factor de conversión a libras para cuando hablara con alguien que no levantase pesas. 

Así que cuando empecé a estudiar Ingeniería Civil y tenía que estudiar todo el sistema internacional de medidas, no tuve un impacto tan grande al momento de encontrarme con las masas. 

Lo que sí me impactó fue darme cuenta de lo que era un kilo. 

Lo había visto en frutas, en una imagen que comparaba un kilo de grasa y uno de músculo, en discos del gimnasio, en balas de atletismo y discos de lanzamiento. 

Pero la primera vez que vi un kilo que era un kilo y representaba un kilo y nada más fue en una práctica de Métodos Experimentales en la que íbamos a utilizar la balanza para encontrar la masa de unos cuerpos. 

El punto que la balanza por sí sola solo puede pesar 610g (tiene 3 escalas, una de 100g que llega hasta 500g, otra de 10g que llega hasta 100g y otra de 1g que llega hasta 10g). Y si quieres medir algo más pesado, le colocas un contrapeso a la balanza y ese contrapeso era ¡el kilo! 

El contrapeso de 1kg que debía añadir a la balanza para medir cuerpos más pesados.


Intenté terminar la práctica lo más rápido posible para poder sacar el teléfono y tomarle fotografías antes de entregarlo nuevamente. Es que me emocioné, de verdad que no había visto uno igual antes. 

Quizás lo que más me sorprendió fue su tamaño, es muy pequeño. Lo puse a la par de una moneda de $0.25USD para que se notara que en realidad no es tan grande. 

Comparación de un contrapeso de 1kg con una moneda de $0.25USD.


Y quizás me dio tanta ilusión porque todos estos kilos tienen que ser comparados constantemente con el kilo patrón para asegurar que sigue pesando un kilo. Que con los cambios de clima y el uso rudo que les damos en el laboratorio, sus medidas llegan a cambiar. 

Y ese kilo patrón en el país está en el Centro de Metrología que, increíblemente, queda detrás de mi facultad. Vi el centro hace poco y me ilusionó tanto saber que todos los patrones con medidas oficiales para trabajar en laboratorio están ahí, que no son los originales, claro, porque esos están en París, pero que tenemos unos que miden lo mismo y están resguardados en un Centro especial dentro de la Universidad, detrás de mi facultad. ♥ 

74 de estos representan mi masa corporal en kilos. ♥

Cruzando los 30 metros. ♥

Cruzar la marca de los 30 metros fue mi sueño desde que tenía 14. Finalmente lo logré a mis 25.

El año pasado fue duro en cuanto a competencias. Eso de quedar en segundo lugar nacional por centímetros, le duele a cualquiera.

Ese día me prometí entrenar mejor y más fuerte. Y este resultado en la primera competencia de la temporada me hace notar que, en cierta forma, necesitaba perder el año pasado para reinvindicarme en este.

Las derrotas duelen a todos por igual pero lo que diferencia a las personas es lo que sacan de las derrotas. Yo decidí trabajar más. Y este año empecé mi temporada lanzando 31.38m. ♥






Qué bonito empezar la temporada rompiendo marca personal. ♥

OPINIÓN PERSONAL HONESTA: pastel de tres leches de Los Cerezos Bakery.

Mi equipo de atletismo me sorprendió después de entreno en mi cumpleaños y quería contártelo todo. El pastel para celebrar mi cumpleaños fue un tres leches hecho por Los Cerezos Bakery.

La razón para haber elegido a esta panadería y no otra en la ciudad es porque todo el equipo conoce a la dueña, a la familia de la dueña y ya sabemos que todo lo que preparan en este lugar está hecho con amor, con talento y con todos los ingredientes sin hacerle falta ni uno.

Aunque Los Cerezos Bakery empezó a existir hace menos de un año como marca, la verdad es que la familia encargada se dedica a la comida desde hace años. Por lo que el sazón y las técnicas que han venido acumulando y perfeccionando es una de las características por las que esta panadería es bastante contactada por sus clientes.

El pastel de tres leches es mejor que ninguno otro que haya probado en toda mi vida y te lo digo sin exagerar. Te explico, en muchas cadenas de comida rápida venden postres individuales y los llaman tres leches, aunque en realidad solo lleven un tipo de leche. Luego, que a veces, los tres leches vienen todos secos.

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Mi foto con la dueña de Los Cerezos Bakery.

Pero el tres leches de Los Cerezos Bakery trae los tres tipos de leche, y lo mejor es que si te detienes un poco, puedes distinguirlos. Y si todavía le quieres añadir algún tipo de relleno a las tres leches, pues también puedes hacerlo. El mío traía crema pastelera y fresas como relleno; la cubierta era de mocha y fresas. ❤ A mi entrenador de lanzamientos, le gustaba el que traía de relleno caramelo, por ponerte un ejemplo. 🙂

Sé que me he enfocado solamente en hablar de postres, pero en Los Cerezos Bakery hacen, además de panadería y pastelería, comidas regionales (italiana, mexicana, americana, salvadoreña, etc.) y servicio de catering para eventos como bodas, quince años, lanzamiento de productos y cualquier reunión de personas en el que quieran comer algo rico.

A veces da un poco de temor a aventurarse y comprar algo grande sin saber si vas a disfrutarlo, por eso te recomiendo que pruebes primero una porción individual del tres leches o de otro platillo que te llame la atención (también venden las porciones individuales y son bastante accesibles, ¡creeme!), y te prometo que te enamorarás del sabor y la dedicación que lleva ese bocado.

Puedes contactar a Los Cerezos Bakery por medio de Instagram aquí: https://www.instagram.com/loscerezos.bakery o en su página de Facebook aquí: https://www.facebook.com/LosCerezosBakery.

Mi historia con el yoga.

Mi historia con el yoga es un poco extraña puesto que, sin saberlo, ya tenía algunas bases para practicarlo. De mis 10 a 13 años practiqué gimnasia artística. A partir de los 13 practiqué atletismo y era requerido estirar antes y después de cualquier entreno ¡especialmente los días de pesas! A medida fui desarrollándome, me empezó a doler la espalda y hacía ciertos movimientos para aliviar esos dolores antes de dormir. Y cuando salía a caminar mucho, me decía mi madre que pusiera mis pies en la pared para descansar y ayudar a la circulación. Todas estas situaciones eran yoga pero yo no sabía nada.

La persona que me acercó al yoga.

Fue hasta el 2012 que tuve un acercamiento más profundo con el yoga. Yael Farache escribió una entrada sobre el Yoga para escépticos y contaba que desde hacía 4 años que ella lo practicaba regularmente y mencionaba algunos beneficios que ella ha obtenido de practicarlo, como alinear su columna y cocinar con el olfato. Me llamó mucho la atención lo de la columna ya que mi espalda me duele muchas veces por la mala postura que yo tengo y otras veces porque carga más peso del que debe.

Intenté hacer una pose que se veía sencilla porque quería iniciar ese proceso de alinear mi columna bien. Empecé por una inversión con tres puntos. La verdad es que no tengo ni idea de como se llama porque los nombres son sánscritos pero ponés tus manos, codos y tu cabeza en el suelo y, de alguna forma que no logré comprender en ese entonces, levantás los pies hasta hacer como una parada de manos pero con los codos y cabeza apoyados.

Quizás lo peor no fue intentar hacer esa pose la primera vez que quería iniciarme en el yoga. Lo peor fue que la hice en un colchón delgado que me dieron en Campus Party y sin apoyarme en ningún lado. Sobra decir que esa pose terminó mal.

Gracias a Dios mi cuerpo estaba entrenado para reaccionar rápidamente. Mi mentón se metió en mi pecho para rodar y no caer de polongón pero mi cuello me dolió tanto que me quedé tendida en el suelo y me puse a llorar. No del dolor, sino de pensar qué significaba ese dolor. ¿Me habré roto algo? ¿Podré levantar mi cabeza cuando quiera pararme? ¿Podré moverme sin problemas a partir de ahora? ¿Necesitaré ponerme una prótesis en el cuello?

Me pasaron mil cosas por la cabeza pero quizás la que más importaba era que nunca iba a practicar yoga otra vez.

La búsqueda de deportes sin impacto en las rodillas.

El año pasado fue una temporada bastante extraña en atletismo. De repente, el estadio en el que entreno tenía miles de eventos y las competencias de lanzamientos se posponían o simplemente no ocurrían para mi categoría. Competí una tan sola vez y mejoré mi marca, ¡gracias a Dios!

Luego, los directivos se dieron cuenta de esto y mandaron a la selección mayor de atletismo a Guatemala a un chequeo, me incluyeron en bala y también en disco. No pude dar lo mejor de mí y me fue terriblemente.

Me sentía mal, había lanzado lo mismo que lanzaba cuando tenía 10 años menos, quería que todo se quedara dentro pero cuando Mamu me quiso consolar, yo empecé a llorar. Yo no podía entender que era otro día malo, lo único que yo me preguntaba era el propósito de entrenar tan duro por más de dos años para regresar y obtener esta clase de resultados, es que ¿acaso no le hacía honor a mi tiempo invertido? ¿acaso no habíamos mejorado ya las técnicas y la fuerza y la potencia?

Esa competencia en Guatemala me dolió en el alma. No era una competencia oficial, pero era una competencia en mis registros que me dolía y me prometí entrenar mejor, más fuerte y con más energía para no sentirme otra vez así.

Fueron más de 6 semanas entrenando fuerte para el Centroamericano Mayor de Atletismo y, ¡gracias a Dios mejoré mi marca de lanzamiento de disco! Lancé 33.07 metros y quedé en sexto lugar. Suena bastante malo pero para mí no lo fue, porque significa que estoy entre las primeras 10 lanzadoras de todo Centroamérica. 🙂

Era todo lo que quería para terminar mi temporada 2016.

En mi mente empecé a bajar el ritmo de todo, ya me merecía un respiro, incluso mi entrenador nos prometió un mes de descanso activo para que practicáramos lo que quisiéramos sin ir al estadio. Mi mente ya estaba asimilando lo que se acercaba.

Sin embargo, no todos los planes se cumplen.

A finales de este año vienen los Juegos Centroamericanos y se celebrarán en Nicaragua. Después del Centroamericano Mayor de Atletismo 2016, la Federación anunció que celebraríamos el Campeonato Nacional de Atletismo. Quizás no lo sepas pero, normalmente, los campeonatos nacionales sirven para elegir a la selección de ese año.

Se me hizo un poco ilógico que lanzaran la competencia para elegir a la selección después de que la selección ya había participado en el centroamericano, pero entendí que no estaban buscando selección de ese año, sino que ya estaban registrando nombres para los Juegos.

El punto que los planes cambiaron y mi cuerpo ya no iba a descansar, sino que tenía que trabajar al mismo ritmo por 8 semanas más. Ritmo que mi cuerpo no aguantó.

Un martes fuimos a lanzar. Entré al círculo. Empecé a girar y mi rodilla izquierda no dio más. Me regresé cojeando a mi casa esperando que al día siguiente estuviese mejor.

No lo estuvo.

Me tardé más de 10 minutos en pararme de mi cama para ir al baño en la mañana. Sobra decir que lloré mucho por la incertidumbre. Me pregunté si podría caminar bien después, si me había quebrado algo, si se me había salido el líquido, me pregunté tantas cosas y me quedé en cama todo el día.

Y el siguiente día, también.

Iba a regresar a mis entrenos la semana siguiente pero fue imposible, el dolor no paró.

Pensando que algún hueso estuviese mal, fui a que me tronaran la rodilla en las clínicas para los atletas. Momentáneamente me sentí mejor, pero a la media hora el dolor regresó.

Pensando que algún ligamento o tendón estuviera resentido, fui donde un kinesiólogo a que me deshiciera las pelotitas en mis piernas. Al día siguiente me dolían las piernas y la rodilla.

A los días me di cuenta que podía doblar la rodilla, que me dolía solo en ciertas posiciones y cuando ejercía presión sobre ella o le llegaba algún tipo de impacto. Como la podía doblar y no me dolía doblarla, di gracias a Dios sabiendo que el dolor no era por el líquido.

Quise tener más cuidado con la rodilla y con mis articulaciones, en general, pero no quería perder mis avances en el deporte y en mi bienestar, así que empecé a buscar opciones para practicar algo que no tuviera impacto en mis rodillas en lo que terminaba el año. Al fin y al cabo, pensé, tendría todo el 2017 para lograr un pase a ser seleccionada para los Juegos.

Cursos gratis en la Ciclovía del Boulevard Constitución.

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Estiraba cuidadosamente en mi cama antes de levantarme, hacía todos los estiramientos que yo me podía sin seguir ningún orden en específico.

A los días, llegó mi madre contándome que había visto un póster en el transporte público que contaba sobre un deporte que ella quería practicar desde hace mucho, porque las personas adultas asiáticas lo practican y cuentan que se sienten bien. Lo mejor es que ese curso era los días que ella podía ir, en un lugar cercano a la casa, que solo era un día a la semana y demasiado temprano como para interferir en sus asuntos. Además, era gratis porque era un programa de gobierno. Me hablaba del TaiChi.

El TaiChi trata de hacer movimientos mayúsculos en cámara lenta para aumentar la fuerza y la resistencia pero sin agitar la respiración. Requiere de mucha concentración pero sobretodo mucha estabilidad. Algo de lo que yo no podía hacer alarde en ese momento.

Al final de contarme todo sobre el TaiChi me dijo: ¡y también van a dar yoga!

Me había quedado mucho miedo de practicar yoga de nuevo y más sabiendo que ahora, no solo podía ganar una lesión, sino que yo ya iba lesionada. Pero también pensé que necesitaba más estiramientos para llegar a la rodilla sin lastimarla más. Así que tomé la decisión de ir pero salirme de la clase de inmediato si me pedían hacer alguna inversión.

Llegamos a la primera clase y me confortó saber que se puede practicar yoga por más de una hora sin hacer equilibrio. Pasamos casi 40 minutos con los pies en el tapete y los otros 15 sentados o arrodillados. Mi rodilla me dolió en dos posiciones, así que no quise explorar más en esas dos posiciones, pero por lo demás, me gustó mucho saber que no puse en peligro mi vida y que, potencialmente, estaba estirando para hacerle un bien a mi rodilla y a mi cuerpo.

A la siguiente semana regresé y llevé a una compañera de Atletismo que vive cerca de mi casa con la que ya había platicado sobre yoga: Andrea.

Y a la siguiente semana regresé, también. Y fue así hasta que mi Universidad y sus múltiples parciales no me lo permitieron.

Opciones alternativas al Yoga de los domingos.

Ya que la Universidad era la que no me permitía ir al Yoga de los domingos, pensé que intentar practicar algo suave en la Universidad, antes o después de clases, era una opción para mí. Afortunadamente encontré un boletín de cursos de natación para principiantes. ¡Estaba de suerte porque yo no podía nadar y andaba buscando opciones sin impacto en las rodillas!

Estaba emocionadísima por iniciar pero pospusieron el curso tantas veces que sentí que estaba perdiendo el progreso de la mejora en mi rodilla.

Siendo honesta, jamás busqué videos en YouTube sobre Yoga porque, el tan solo acto de ir a investigar en medio de un semestre y hacer selección de videos, descubrir si me gusta o no el estilo de la persona que está dando la clase o saber si no va a hacer cosas avanzadas, como la parada de manos en la que casi me quiebro el cuello y eso, suena cansado y pérdida de tiempo que necesito para estudiar.

Sin embargo, las cosas siempre se dan sin que uno las ande buscando. Un día estaba revisando mi Instagram y me apareció una foto de una chica practicando yoga. En el instante no pensé nada más allá de lo aparente, solamente me gustó la foto porque ella tiene buen gusto para elegir lugares y leggings, me llamó la atención porque no era flaca, la chica de la foto era como yo.

Instayogi.

A la siguiente semana, apareció otra foto similar. Una chica practicando yoga con un paisaje impresionante y unos leggings hermosos. Era la misma. Ya eran dos fotos que me gustaban de ella. Fui a revisar su perfil y me di cuenta que todas sus fotos eran relativas al yoga o la vida sana, ya que había tenido obesidad por muchos años. La empecé a seguir.

Pensé que si yo no podía ir a las clases de Yoga y seguir la secuencia de la maestra, podría intentar hacer una versión modificada de las poses que ella subiera. Al fin y al cabo, lo que yo necesitaba era estirar un poco para ir disminuyendo el dolor en mi rodilla y recuperarme.

Pero como te digo, las cosas siempre se dan sin que uno las ande buscando.

Ella subió una secuencia muy simple sobre cómo poner tu cabeza cerca de las rodillas. Tocar el suelo estando parada no me da problemas, para nada. Pero acercar mi cabeza a las rodillas es otro pisto. Así que vi el video como 10 veces para recordar todos los pasos. Me puse una licra y me fui a la sala a intentar hacerlo. Me iba a tomar menos de 5 minutos. Hice la secuencia y me acerqué bastante. 🙂

¡Me emocioné muchísimo! Me emocioné tanto que quise tomarme un video haciendo esa secuencia y agradecerle a ella por enseñármela. Cuando lo iba a hacer, me di cuenta que esa secuencia simple formaba parte de un reto de yoga por 15 días en el que ella era una de las anfitrionas.

Participé en el reto porque quería aprender más secuencias, quería practicar más poses y quería conocer más personas que estuvieran en sintonía. Esto es fácil de conseguir. Muchos de los retos, si no es que todos los retos, tienen un hashtag específico que todas las personas que quieran formar parte deben de utilizar. Si quieres conocer a las personas que estén formando parte del reto, solo le tienes que dar clic al hashtag y podrás ver todas las fotografías que se están subiendo.

Como mi mayor motivación era aprender y disfrutar las secuencias y las nuevas poses, solamente participé y no hice caso a todas las reglas del reto. Pero como no soy una persona que hace las cosas a medias, me propuse que en los siguientes retos me pondría las pilas para participar al 100.

La mafia de las yoginis en Instagram.

Los retos de Instagram son un poco cansados. La mayoría de veces no te dan la lista de las poses que tendrá el reto, así que tienes que estar pendiente de las anfitrionas para ver cuál es la pose del día, sacarte una foto, subirla, etiquetarla con el hashtag oficial, etiquetar a las marcas que patrocinan el reto y etiquetar a las anfitrionas que lideran el reto. Y también mencionarlas en tu pie de foto.

Ya si quieres ser buena compañera, pues vas a revisar el hashtag para darle me gusta a las fotos de otras participantes del reto.

Hacer eso todos los días es cansado porque sabes que no puedes subir una foto cualquiera por diversión. Tienes que subir una foto digna de ser vista por jueces que son mil veces más avanzados en la práctica que tú, que tienen mejor sentido de la iluminación y la fotografía, que conocen sus ángulos, poses e inversiones y, que sobretodo, les encantan los colores y paisajes vistosos.

Al menos te queda la satisfacción de que, después de tanto ajetreo, las anfitrionas andan viendo las fotos de todas y, cuando atinás al ángulo correcto, le dan me gusta a tu foto y sentís que no estás participando por gusto.

Aunque sí estás participando por gusto.

Te voy a contar, más o menos, cómo son los retos de yoga en Instagram.

Cierto grupo de marcas por X o Y motivo necesitan llegar a más personas, así que contactan a personas influyentes en su rubro: las futuras anfitrionas. Les dan cierto monto de dinero y les ofrecen producto para rifar a cambio de obtener muchos seguidores nuevos y muchas interacciones nuevas… que al final, en teoría, les dejaría muchos compradores nuevos.

Porque cuando uno empieza a vender un producto siempre piensa que solo falta que me vea más gente para vender más.

Entonces, las anfitrionas tienen en sus manos el monto por hacer su trabajo de influyente y el producto que rifarán entre las participantes de la dinámica para que más personas conozcan la calidad de dicha marca.

Las anfitrionas, que son más de 5 la mayoría de veces, preparan un reto temático, eligen poses que tengan alguna relación con el tema, lo aderezan como quieran para hacerlo divertido (piden disfraces, decoraciones navideñas, poses para abrir el pecho por el mes del amor, etc.), diseñan la invitación oficial al reto con la imagen y las palabras de bienvenida, reglas, anfitriones y marcas.

Las reglas son muy similares todo el tiempo:

  1. Publicar la imagen de la invitación en tu cuenta sin candado.
  2. Invitar a dos amigas, como mínimo, mencionándolas en los comentarios de la invitación en la cuenta de la anfitriona o en el pie de foto de la imagen que publicaste en tu cuenta.
  3. Utilizar el hashtag oficial del reto para que te encuentren fácilmente.
  4. Publicar todos los días que dure el reto una foto tuya haciendo la pose correspondiente.
  5. Por supuesto, seguir a todas las marcas que patrocinan el reto (que son más de 5, también), mencionarlas en todos los pie de foto que publiques y etiquetarlas a todas en tus fotos.
  6. Y, como las anfitrionas necesitan seguir siendo consideradas líderes, también tienes que seguirlas a ellas, mencionarlas y etiquetarlas.
  7. Ya lo mencioné pero, revisar que tu cuenta no tenga candado porque si no tu participación no cuenta.

Hay unos retos que se ponen más intensos y te piden que desarrolles todo un tema en el pie de foto y que después hagas las menciones y etiquetas correspondientes. Lo que no saben muchas yoginis es que Instagram bloquea las publicaciones dónde mencionas a más de 10 personas en tu pie de foto, así que tener un reto con 11 cuentas para mencionar (que es el promedio), es una locura.

Al final, las anfitrionas eligen las cuentas ganadoras bajo criterios indiscutidos y publican una imagen con los nombres de las que ganaron.

En el primer reto que participé realmente no le tomé importancia a las ganadoras. Recuerdo haberme metido en sus cuentas y maravillarme por lo increíbles que eran sus fotografías y lo populares que eran.

En el segundo reto esperé con ansias ese cartelito y  las ganadoras fueron, también, cuentas con fotografías muy definidas, con muchos seguidores, es decir, muy populares.

Cuando en el tercer reto ocurrió lo mismo, fui a hacer un cruce de datos y noté un patrón. Pero pensé que era mi imaginación. Así que lo dejé descansar.

Cuando en el cuarto reto ocurrió lo mismo, empecé a hacer una investigación más detallada.

Para el quinto y último reto del que formé parte pude anticipar quién iba a ganar sin necesidad de esperar el día del cartel.

Y sí que me tuvieron esperando porque se tardaron más de tres meses en publicar a las “ganadoras”. Tuve que ir a escribirles a todas las anfitrionas para decirles que no habían publicado nada sobre el reto tal y que me gustaría saber quiénes eran las afortunadas.

Al siguiente día de mi mensaje directo, publicaron la imagen con una disculpa por la tardanza y ganaron exactamente las 5 personas que había predicho que lo harían.

Podrás creer que soy una obsesionada o que soy una envidiosa pero no es el caso. Lo que pasa es que soy muy detallista y no me gustan las mentiras.

Las personas que ganaban no lo hacían por que sus fotos fuesen increíbles o porque fueran populares (que digamos que es eso lo que buscan las marcas), las personas que ganaban eran las mismas 20 personas que a la siguiente semana eran anfitrionas de otros retos.

Entre esas mismas 20 personas se rolaban las marcas, los retos, el dinero y el producto.

La mentira no es solo para la marca que espera llegar a más personas y que gentilmente ofrece dinero para anfitrionas y producto para participantes, la mentira es también para las que toman parte en el reto que gentilmente apartan tiempo para subir fotografías, darle publicidad a las marcas y aumentar la cuenta de seguidores de las anfitrionas.

Entre ellas se quedan con todo, con el dinero y con el producto. Y al final, crean cuentas alternas para vender los productos que no les gustaron o que ya no quieren usar, porque acumulan tanta ropa y les llega ropa nueva casi cada semana que finalmente se hartan de usar la misma en tres fotos. Y hacen la cuenta alterna para vender porque saben que las marcas están pendiente de sus publicaciones y que tomarían como ofensa que ellas vendieran algo que les regalaron para futuros compradores nuevos, evitando así futuros posibles negocios para hacer otra campaña u otro reto.

Así que, al final, el producto que quizás hubieras ganado tú, lo terminas pagando tú y recibiéndolo usado.

Cuando las participantes se dan cuenta de que todo el esfuerzo y la ilusión fue en vano, van y dejan de seguir a las marcas porque ¿para qué seguir a una marca que nunca vas a conocer o que ninguna de tus conocidas usa para poder notar su calidad? No tiene chiste.

Y aunque las participantes terminan con el corazón roto por pensar que no son lo suficientemente buenas en la práctica, en la fotografía o en la edición; los que terminan peor son las marcas que quedan sin dinero, sin seguidores y sin ventas.

Al fin y al cabo, la siguiente semana habrá otro reto y otras 5 tipas que forman parte de la mafia serán las nuevas anfitrionas, tú puedes ilusionarte otra vez sin problemas.

Aceptación, paciencia y verdad.

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Después de toda esta investigación, decidí cortar mi participación en los retos de yoga en Instagram. Este tipo de prácticas sobrepasa la frontera del respeto y la espiritualidad. Y yo no quiero formar parte de un circo de mentiras.

En su lugar, prefiero seguir cuidando de mi cuerpo y aceptarlo en las condiciones que actualmente está, con lesiones, con lonjas, con flexibilidad en algunos sitios e inflexibilidad en otros.

Gracias a Dios ya puedo caminar sin problemas, incluso puedo trotar un poco y mi rodilla soporta esa presión y más. Cada día encuentro mejores posturas para tener mi espalda erguida y mi talón de Aquiles derecho está cediendo un poco en el dolor.

Ahora practico una o dos poses al día e intento tener una sesión larga una vez a la semana en la intimidad de mi hogar.

A veces pongo algunos videos de secuencias específicas (como el saludo a la luna) y otras veces leo libros de Yoga para profundizar más en el conocimiento, saber qué pose ayuda con qué parte del cuerpo y para conocerme en otra dimensión que jamás tuve oportunidad.

Me alegra encontrar publicaciones científicas de que el yoga ayuda con la circulación, digestión y con la tranquilidad emocional. Me alegra saber que el yoga no es una práctica religiosa y puede hasta no ser espiritual. El yoga y sus beneficios pueden ser meramente mecánicos, corporales y tranquilizantes sin llegar al punto de ser una fanática de las energías, los chakras y los cantos extraños.

Aún me queda mucho que aprender, leer e investigar pero hasta el momento el yoga no interfiere con mi religión de ninguna forma, así que seguiré practicándolo bajo la aceptación, la paciencia y la verdad. ❤

5 cosas que di por sentado y que extrañé mucho.

Cuando querés independizarte te dicen cosas como “es que vas a extrañar hasta el agua helada” y no lo creés, pensás que son exageraciones, que son inventos pero te das cuenta de la sabiduría de estas cosas hasta que lo vivís en carne propia.

Estas son 5 cosas que encontré en mis fotografías que di por sentado y que extrañé mucho.

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Un plato de comida casera calientito y completo. Cuando vivís solo y trabajás, apenas y te da tiempo de ir al súper por comida y tener la casa más o menos limpia. Es prácticamente imposible quedarse a preparar una sopa desde cero con todo el cuidado y los tiempos que conlleva. A veces me pregunto cómo mi mamá hacía todo esto y criarme al mismo tiempo.

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Una pequeña celebración de tus triunfos. Cuando vivís solo es fácil caer en lugares oscuros dónde pensás que sos solo una persona promedio y ya está. No tenés un pequeño lugar para recordarte que has logrado increíbles cosas bajo tus propios términos y, para más fregar, casi nunca hay nadie a la par que te lo recuerde.

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Encajar a la perfección. No te voy a mentir, nunca logré encajar en muchos lugares. Lo más que pude hacer es llevarme muy bien con una o dos personas máximo en cada lugar que conocí. Pero en mi casa encajo bien y a la perfección porque nací aquí y me conocen desde pequeña, además que me criaron para encajar en mi familia. Así que formar parte de algo al 100% es una de las cosas que no pensé que extrañaría demasiado.

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Escuchar la música que quiero al volumen que quiero cuando quiero. Hay ciertas reglas como no escuchar la música fuerte después de las 7 de la noche pero cuando vivís solo normalmente vivís en un apartamento, lleno de docenas de personas que también buscan la libertad hasta en la hora de dormir. Muchos duermen en la tarde y si se te ocurre poner música podés interrumpirles el sueño. Tampoco podés cantar. Hay una diferencia entre que te guste cantar y que podás cantar. A mí me gusta cantar. Al vivir en un lugar en el que no conocés a nadie, no cantás ni en la ducha, tanto porque te apena que te escuchen como por no querer interrumpir.

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Vecinos amigables que se alegran genuinamente de verte. Para mí los saludos y los buenos días significaban compromisos e interrupciones de las que no quería tomar parte desde que estuve pequeña. Pero al regresar, me doy cuenta que no solo es una buena costumbre, sino que te hace sentir bien que alguien quiera saludarte de forma genuina cada vez que te ve vivo en los pasillos. Mis vecinos me prepararon unas pupusas riquísimas cuando regresé.

Segunda Carrera #YoCompartoLaPaz por La Curacao

La Curacao ha anunciado oficialmente la Segunda Carrera #YoCompartoLaPaz.

Dado que este es el año en el que se celebran 25 años por Los Acuerdos de Paz, varias marcas han tomado la iniciativa de convocar a sus eventos haciendo alusión a la paz y La Curacao no se ha quedado atrás.

Le han llamado Segunda Carrera #YoCompartoLaPaz porque es la segunda vez que ellos organizan una carrera bajo este lema siendo la primera en primavera 2016.

Aunque también podría decirse que es la segunda carrera del año dedicada a la paz (el domingo que pasó ocurrió #LaCarreraPorLaPaz y estuvo bien chula, pronto la reseña porque resulta que también fue mi primera carrera de 5 kilómetros).

La Segunda Carrera #YoCompartoLaPaz ocurrirá el 12 de Febrero del 2017 a partir de las 6:00am (dependiendo de la distancia que corras) y el punto de partida será el restaurante Chili’s de La Gran Vía.

Los kits estarán a la venta en sucursales La Gran Vía, Paseo y Metrocentro Santa Ana.

Hay 4 distancias oficiales: 21Km (salen a las 6:00am), 10Km (7:00am), 5Km (7:00am) y 2Km (7:00am). Habrá premios especiales para los tres primeros lugares en las distancias 21Km, 10Km y 5Km (aún no especifican si habrá distinción en categorías femenino y masculino pero es lo esperado).

El precio del kit es de $10USD e incluye camiseta, bolsa para el gimnasio, termo para el agua, número de corredor, medalla y rifas durante el evento.

Aunque no es obligación adquirir el kit puesto que La Curacao está siendo flexible a que las personas participen sin haber adquirido el kit, claro está, sin derecho a la camisa, bolsa, termo, número, medalla y rifas.

Estás más que invitado si quieres celebrar la paz por medio de una actividad física, si eres atleta o si te gusta correr o si estás empezando a empujar tus límites o si quieres una caminata tranquila con tu familia, amigos o mascota (puedes caminar tranquilamente en la de 2Km).

Mi experiencia con la Chikungunya o por qué no tengo un doctorado en medicina

Tenía los juegos interfacultades y ya que el equipo de mi facultad estaba incompleto, competí en 5 eventos (cuando lo más que hago son 2), divididos en dos días. Estuve expuesta al sol por muchas horas y hasta hice eventos de pista. Así que, cuando el primer día terminó, fui a saludar a mi primer entrenador de atletismo.

Después de platicar un rato, el me brindó esta grandiosa oportunidad de entrenar con alguien especializado en lanzamientos. Fuimos a hablar con él y me dijo que era un entrenador muy exigente y que no entraría al equipo de una sola vez. Él necesitaba examinarme antes de aceptarme. Me haría esas pruebas después de mi segundo día de competencias en la Universidad.

Fueron los dos días que más pasé expuesta al sol. Estaba cansada pero solo tenía una oportunidad de entrar al nuevo equipo con el nuevo entrenador, no quería arruinarlo. Así que comí y me fui a mi prueba. Pasé la gran mayoría de ellas, solo fallé en una cosa con mis brazos porque mis hombros son en verdad débiles. Pero, en general, estaba dentro.

Al siguiente día, tenía fiebre. Pero no solo eso sino que mi cara se veía roja y eso que ya soy morena. Pensé: tal vez es porque estos últimos dos días estuve expuesta al sol la mayoría del día. Así que solamente voy a tomar mil litros de agua y empezaré a usar bloqueador. Sonaba bien así que lo hice.

Fui a mi segundo día de entreno con mi nuevo entrenador, era un viernes, después de que le dije que me dolía un poco el hombro, me dijo que nos íbamos a enfocar en otras cosas para no forzarlo. Así lo hizo.

Recuerdo que cuando llegué a casa me sentí cansada, en verdad cansada. Mi hombro, mi muñeca y mis tobillos me dolían. Y también, tenía temperatura. Pensé: tal vez es porque cambié de entrenador y con el que estoy ahorita es más exigente que el anterior; la fiebre va a mejorar cuando mis quemaduras por el sol mejoren. Así que solamente descansaré este fin de semana y seguiré tomando mucha agua. Sonaba bien así que lo hice.

Esa misma noche, estaba platicando con un amigo. Teníamos planes de ir a ver un partido de fútbol el sábado. Le dije que me sentía rara y que no quería arruinar su sábado. Me dijo que no arruinaría nada. Le advertí que mis tobillos me dolían y que estaba caminando súper lento. Aceptó.

Cuando el sábado llegó mis tobillos y muñeca me dolían más que los últimos dos días. Cancelé un evento de yoga que tenía esa mañana y esperé a que el dolor mejorara en la tarde. No mejoró. Mi amigo vino y fuimos al partido. Me fui utilizando tobilleras. En medio del juego mis ojos ardían y yo empecé a llorar. Me preguntó que qué pasaba y le conté sobre mis ojos. Me compró algunas pastillas, las tomé y al cabo de una media hora mi temperatura bajó, mis tobillos y muñeca tenían un dolor que se podía aguantar y mis ojos dejaron de arder mucho.

Pero aquí viene la parte divertida, soy alérgica a las aspirinas. Divertidísimo, ¿verdad? Soy alérgica a la medicina. Por eso no suelo tomar pastillas. Pero lo hice en esa ocasión porque me sentía terrible, estaba fuera de mi casa y estaba arruinando el fin de semana de alguien.

El domingo mi fiebre casi se había ido por completo. Mis quemaduras por el sol también estaban a punto de aliviarse. Pero mis muñecas y tobillos todavía dolían y mis ojos todavía ardían, también. Al menos ya no tenía fiebre. Pero en la tarde, mi cuerpo empezó a picar. Y como no podía ver nada, me fui a dormir.

Desperté en la mitad de la noche y mi vista estaba mejor. Me fui al espejo, no sé por qué hice eso. Pero noté que tenía unos puntos rojos en toda la piel. Lo primero que pensé fue: tal vez es porque tomé las pastillas y quién sabe si tenían algo que ver con las aspirinas, como soy alérgica, es por eso que tengo estos puntos rojos. Debería de tomar un galón de leche y esperar lo mejor. Así que eso hice.

Pero al día siguiente estos puntos rojos estaban peor. Tristemente, eso no era lo que más temía. Mi reto más grande era presentarme nuevamente a entrenar porque ya me había comprometido a ser una atleta, así que fui al estadio.

Esa semana, tenía que poner mis manos en el piso para unos ejercicios. Noté que tenía los puntos rojos hasta en las palmas de mis manos. Mi alergia estaba empeorando. Mi mamá me dio un bálsamo para aliviar la comezón de la alergia, intenté los baños de hierbas y tomé mucha leche. También, estaba poniendo hielo en mis muñecas y tobillos.

La alergia se detuvo después de 10 días. Mi vista mejoró (algunas veces me ardía pero aplicaba gotitas para los ojos y mejoraba de inmediato). La fiebre desapareció por completo. Solo me dolían mis muñecas y tobillos. Pensé: tal vez es porque no he dejado de entrenar y mi cuerpo se está ajustando a entrenar así de fuerte. El dolor se detendrá eventualmente.

¿Adiviná qué? El dolor no se detuvo. Mejoró un poco y usé mis tobilleras por mucho tiempo. Mis muñecas se aliviaron más rápido que mis tobillos. Y pensé: tal vez es porque mis tobillos cargan toda mi masa y los ocupo más que mis muñecas. Se van a acostumbrar a los entrenos con el tiempo. Estaba intentando ser paciente con mis tobillos porque ya había sufrido 3 esguinces en el pasado y sabía que iba a ser difícil para ellos regresar.

Mis tobillos ya eran lo único que me dolía (hasta que me lesioné el hombro izquierdo, muñeca derecha y rodilla derecha), pensé que no tenía nada de qué preocuparme. Si cuidaba mis tobillos con hielo y masajes y usaba tobilleras cuando lo necesitase, tarde o temprano mis tobillos estarían bien.

Pero las semanas pasaban y mis tobillos no mejoraban nada. No podía correr ni saltar ni lanzar como yo quería.

Pensé que tal vez debería a empezar a hacerme la idea de que iba a vivir con ese dolor por mucho tiempo. Quizás por siempre. Hasta que escuché una conversación entre mi coordinador de comunidad y mi mamá.

Logré escuchar esto: sí, la artritis dura de 3 o 4 meses a 3 o 5 años.

Rápidamente me invité a la conversación y pregunté qué era exactamente artritis, porque pensé que solo era un dolor en los dedos que ocurría por cambios de temperatura bruscos como bañarse con agua fría después de planchar ropa, por ejemplo. Después pregunté de qué estaban hablando exactamente.

Estaban hablando de que un par de colegas del coordinador de mi comunidad tenían esta cosa nueva del chikungunya y que la artritis les duraría más días que los otros síntomas.

Cuando llegué a casa, leí todo lo que encontré sobre el chikungunya y me di cuenta que yo tuve chikungunya todo este tiempo y no lo sabía. Empecé a contrarrestar los síntomas porque pensé que eran individuales cuando en realidad eran un equipo completo: ¡mis síntomas eran parte del equipo chikungunya!

Gracias a Dios, esta vez, no hubo nada que podías hacer para curarte el chikungunya más que contrarrestar los síntomas. Pero, tal vez algún día sufra algo que no sea chikungunya y podría hacerlo peor por no ir al doctor y empezar a contrarrestar los síntomas por mi propia cuenta.

Tuve suerte esta vez, creo. Ya que no sufrí el chikungunya, yo sufrí los síntomas individualmente y empecé a pelear con cada uno de ellos porque eso era lo único que podía hacer. Y tuve suerte porque, como ya tuve chikungunya, hay una alta probabilidad de que mi cuerpo ya haya desarrollado los anticuerpos para no padecer chikungunya, otra vez.

La mayoría de mis amigos tomó muchas pastillas y sedaron sus cuerpos para aliviarse rápidamente y, dos meses después, padecieron chikungunya nuevamente. Ya que yo no tenía ni idea de lo que yo estaba haciendo, dejé que la chikungunya se desarrollara desde el principio hasta el final y ahora estoy feliz de contarte que mis tobillos ya no me duelen. Me tomó menos de 6 meses para superar la artritis. 

Pero YO NO TENGO DOCTORADO EN MEDICINA. Y, tal vez, si hubiera sabido lo que mi cuerpo estaba padeciendo, tal vez habría tenido más cuidado.

Por favor, prometeme que si sentís algo raro contigo o con tu cuerpo, vas a ir a checarte con tu doctor antes de intentar curarte por tu propia cuenta.

Publiqué esto por primera vez en Marzo del 2015 en inglés aquí: Why you are not a doctor – Katherine Montero

You can’t always win but you can always enjoy your best try

Some of the memories I have from the last National Senior Championships.

I thank God for everything He has done with me so far. I lost a meet today, but with Him I’ve won confidence, love, purpose and every day He has helped me to learn a little bit more.

I knew the path to return to track and field would be full of obstacles, but I also knew I was gonna walk through all of them with His hand in my life.

This is just the beginning. I’ll work stronger. I won’t give up.

All the glory was, is and will be to God. ❤

Special thanks to Takeshi who wrote this quote from Japan the exact same day I won silver in my country. 🙂

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